La sierra de Gredos

He dormido muy bien. Se hace pronto de noche y, desde que me robaron la tele del coche, no tengo nada que hacer y me duermo enseguida. En casa no tengo costumbre de dormir tantas horas y estas salidas me sirven para recuperar ese sueño atrasado. Hoy tengo una etapa que me ilusiona mucho y me despierto con ganas. Tengo muy buen recuerdo de Mijares y repetir su vertiente sur es uno de los motivos por los que he elegido esta zona para este stage de cuatro días.

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La sierra de Gredos Burgohondo 135 km 2750 m+ IR

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Salgo de Burgohondo camino del puerto de Serranillos. Esta vertiente nunca la hice completa porque tomé en su día el desvío de La Mesa, lo que hace que la parte final sea desconocida para mí.


Si ayer en la sierra madrileña no había nadie, en Ávila espero pasarme todo el día sin ver un alma. Solo espero no penar tanto como ayer, aunque eso suele ser lo habitual. Dejo tanto tiempo entre ruta y ruta bicicletera que voy yendo mejor cada día que pasa.


Voy recordando momentos pasados por estos puertos cuando, casi sin darme cuenta, llego al desvío de La Mesa. La rampa inicial, por si se me hubiera pasado por la cabeza en algún momento, me disuade enseguida de tirar por ahí.


De aquí para delante todo es nuevo hasta llegar al puerto de Serranillos. Paso por la localidad que da nombre a la subida y sigo sin ver a nadie, como si de un pueblo fantasma se tratase.


Esta era la única zona de la Península Ibérica en la que no daban lluvia para estos días pero no sé yo. Las cumbres se encuentran cubiertas por la niebla y se está poniendo bastante feo.


Aunque son muy tendidos, no dejan de ser 18km de subida y ya se empiezan a notar. La parte final es muy interesante, con un trazado curvilíneo que te deja buenas vistas de lo subido, aunque la niebla de la cima me robe unas buenas fotos.


Bien abrigado, aunque la temperatura sea muy suave, me dejo caer para la vertiente de las Cinco Villas. Esta es la que subí en su día y, como suele suceder, disfruto mucho repasando estos lugares que ya conozco.


Llega un punto en el que tengo que decidir qué camino tomar y opto por meterme por San Esteban del Valle para subir al puerto de El Pico. Podría tirar por Pedro Bernardo pero me quedaría una etapa demasiado corta.


Tras un tramo de subes y bajas, con algún buen repecho, conecto con la subida a El Pico que viene de Mombeltrán. Por fin me topo con algún que otro coche en esta carretera más abierta.


La carretera se mantiene en un 6% muy cómodo. Empieza a salir el sol y con él sube mucho la temperatura, pero sin llegar a sofocar. Estoy disfrutando mucho de la ruta.


Voy coqueteando con la 'calzada romana' y observo que hay bastantes senderistas subiendo por ella en esta mañana de sábado. Hay algún que otro camión de gran tonelaje subiendo el puerto pero no me supone ninguna molestia.


En todo momento se divisa la cima a la que hay que llegar. Hay puertos en los que eso es un suplicio pero en este no ocurre igual gracias a las preciosas vistas que se van obteniendo del valle de las Cinco Villas.


No estoy a mucha altitud pero voy notando cómo va bajando la temperatura de golpe. Se está dando un cambio de tiempo bastante brusco y temo por el regreso a Burgohondo por las nubes que se acercan por el este.


El final de este puerto es sumamente interesante. Para ser un puerto de carretera principal es de los más bonitos que conozco.


En la cima hay un mirador desde el que se puede disfrutar de una vista colosal. Hace fresco y me abrigo bien para comer algo sentado en un banco de piedra mientras una familia baja de su coche para pasear un rato por la 'calzada romana'.


Hay una buena fuente en el otro lado de la carretera y lleno el bidón antes de partir. El descenso es rapidísimo y casi me salto el castillo de los Duques de Alburquerque que está a la salida de Mombeltrán.


Llego al fondo del valle del Tiétar y me esperan una veintena de kilómetros por una carretera que apenas tiene curvas. Estoy mejor que ayer pero ya empiezo a notar los kilómetros.


Llego a Lanzahíta alternando nubes y claros. Se están agolpando las nubes en el paso de Mijares, que es justo para donde voy yo.


Ya no tengo agua y me acerco a un supermercado para comprar algo de comer y una cocacola. Me siento junto a una fuente en la que relleno el bidón y me tomo un último respiro antes de enfilar a Gavilanes, por donde subiré al puerto de Mijares, uno de los que más me gustaron de todo el Sistema Central.


No me esperaba tanto verde a estas alturas del año. Me sorprende gratamente. El puerto tiene más de veinte kilómetros y mejor que sean por un paisaje como este.


Al paso por Gavilanes hay un par de rampas duras, por encima del 10%, pero por lo demás se trata de un puerto de pendiente constante, siempre rondando un cómodo 5%.


A la salida del pueblo de Mijares me encuentro con un ciclista en la cuneta, al que le pregunto si le ha pasado algo. Iba con dos compañeros y ha debido petar, por lo que se ha quedado a esperar a que vengan a recogerle con el coche. Le doy ánimos por si decide emprender la marcha de nuevo pero parece que no está por la labor.


Poco después, como me temía, comienza a llover ligeramente. La temperatura es buena y no solo no molesta sino que casi se agradece porque me ayuda a mantener el cuerpo fresco.


Estoy disfrutando muchísimo del puerto. De un tiempo a esta parte me dedico a subir los puertos que más me han gustado de las diferentes zonas por las que he ido pasando en esta afición de coleccionar cimas y se nota que voy quitando la paja, que había mucha. Las rutas de esta manera saben a otra cosa.


A media docena de kilómetros de la cima llueve algo más. Hace un rato que me he cruzado con un coche que bajaba bastante rápido y he pensado que serían los que iban en busca del ciclista de antes.


La lluvia cesa a falta de tres kilómetros, justo cuando me adelantan y el ciclista me saluda por la ventanilla dándome ánimos. Esta parte del puerto de Mijares es una chulada y es una pena que la niebla me esté robando parte de las vistas.


Corono Mijares muy satisfecho de la vuelta que estoy haciendo. Solo me queda descender hasta Burgohondo y, aunque ahora no llueve, me preocupa mucho una cortina que se ve abajo y que debo atravesar. Creo que me voy a mojar en serio.


Y vaya si me mojo. Tan solo llevo un kilómetro cuando se pone a llover con fuerza, como de tormenta. No paro ni un momento hasta llegar al coche y lo hago tremendamente empapado, chorreando agua por todas partes. Antes de meter la bici en el maletero me tengo que poner a secarla con papel absorbente para que no me empape la cama y viajo hasta Barco de Ávila con las ventanillas bajadas para que se seque el chubasquero y con los guantes sobre las salidas de aire del parabrisas.

Llego al castillo de Barco de Ávila y decido dormir junto a la muralla. Lo que son las cosas: en Bilbao hace sol y aquí se ha estropeado bastante. Han cambiado las previsiones y para mañana dan lluvia. Espero poder hacer algo decente.

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