La nieve pone el límite

Esta noche ha hecho un frío... digamos... interesante. El coche parecía un congelador y yo una gamba a la gabardina, envuelta en dos sacos de dormir, uno dentro de otro, una manta por encima, otra por debajo y dos sábanas cubriendo los laterales del coche para no entrar en contacto con ellos. La cena a las seis de la tarde, ya de noche cerrada, me deja durmiendo doce horas del tirón. Es lo mejor de estos viajes, que duermo lo que no está en los escritos. A las siete de la mañana suena el despertador y me pongo a preparar el desayuno. El café caliente, las tostadas, pero el aceite de oliva está congelado y la miel hay que cortarla a navaja. Aún así, logro calentarlo todo y me pego un buen atracón.

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La nieve pone el límite Luz St Sauveur 94 km 2700 m+ IR

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Le echo valor y salgo a las nueve de la mañana después de mover un poco el coche para acercarlo al cruce de Gèdre y la subida a Luz Ardiden, por si acaso necesito parar en medio del plan que llevo y no tener que subir hasta el Carrefour. He salido muchas veces con frío extremo pero puede que ésta sea de récord. Es una pena no tener datos para comparar porque daría para ver lo mal que estoy de la cabeza.


El sol debe calentar algo pero no puedo comprobarlo. El valle está tan cerrado que solo pruebo las sombras, de uno y otro lado. Hay hielo en el asfalto en varios tramos y tengo que andarme con cuidado. Espero que para la bajada ya no esté, aunque iré con ojo por si acaso.


Poco después de Gèdre me encuentro con la carretera cortada. Un par de coches que llegan a mi lado se dan la vuelta pero yo decido saltar la valla y seguir hasta donde se pueda, aunque solo sea por ponerme al sol, que da en ese lado del valle y tiene pinta de calentar bien.


Y sí que calienta. El problema es que las montañas son demasiado altas a ambos lados de la carretera y apenas entran unos rayos. Voy avanzando y el frío es cada vez más intenso, con hielo a ambos lados y un estrecho paso por el que viajar.


La mañana avanza y no parece que el sol pueda entrar por este valle. Está siendo una experiencia gélida. No sé hasta dónde podré subir pero tengo ganas de llegar al peaje porque veo luz tras aquella curva final.


La esperanza es vana, todo está sombrío y la carretera se encuentra cortada tras la barrera. Solo me queda darme media vuelta y prepararme para lo peor. El descenso puede ser terrible.


Aprovecho un claro de sol para quedarme durante unos minutos como si fuera una lagartija. No tengo apetito pero me meto algo de lo que llevo. El bidón está imposible para beber, casi congelado.


Sigo bajando con mucha calma, haciendo paradas cada vez que asoma el sol para entrar un poco en calor. Por suerte, la sensación térmica mejora mucho según voy llegando a Gèdre.


Enfilo ahora la subida a Gavarnie, también sin saber muy bien hasta dónde podré llegar. En este valle da un poco más el sol y no hace tanto frío. Además, la mañana va avanzando y se templa todo.


Llegando a Gavarnie veo a un ciclista que sale de unos apartamentos y baja hacia mí. Me pregunta si me puede acompañar y ¡claro, no hay problema! Le cuento un poco la ruta que llevo y le parece perfecto, incluso diciéndole que luego voy a subir Luz Ardiden. Pues nada, tú mismo, que sepas que voy muy tranquilo haciendo fotos y que tengo todo el día.


El tipo entra en conversación hasta salir de Gavarnie. No conoce la zona, le explico los porcentajes, las distancias, los cols, ..., ¡y va y demarra! Mi ritmo no le debía parecer suficiente y puedo comprobar por enésima vez que la fauna de ciclistas está repleta de gilipollas. Debe ser que al más tonto del pueblo le ponen una bici debajo del culo para que corra el aire. Obviamente, nunca me he considerado ciclista, más bien un turista que va en bici coleccionando puertos.


Veo cómo el tonto del culo éste de Lyon se aleja y decido pararme por si acaso peta y le cojo sin querer, que no sería la primera vez que me pasa. Por su puta culpa no me he metido en Gavarnie para hacer la foto del circo y ahora me arrepiento. Menos mal que pasaré de nuevo a la bajada.


Con el frío que he pasado en Troumouse y ahora empiezo a padecer el calor del mediodía. Apenas corre brisa y se está muy bien al sol. Da pena tener que abandonar este lugar.


Desde el cruce de Gavarnie tengo la seguridad de poder llegar hasta la estación de esquí. La carretera está impecable. Hoy es lunes y hay mucho menos tráfico que ayer domingo en Cauterets.


A pocos metros de llegar a la estación me cruzo con el tonto del culo de turno. Me suelta un ¡Adiós, bonne route! a lo que yo le contesto ¡ahí te comas la curva y salgas volando! No le volveré a ver en todo el día, así que me imagino que iría a descansar de su heroicidad, de su récord de ascensión, porque la curva no se la comió.


La carretera se encuentra cortada a la altura de la estación y me acerco a ver las pistas. Hay bastante gente y muchos coches en el aparcamiento. Alguno me saluda con un gesto como de ¡olé tus huevos! mientras como algo sentado en un banco que hay junto a las taquillas.


Desciendo hasta Gavarnie sin pasar frío y me acerco al circo para sacar una foto. El sol ya está muy bajo y se entromete. Enseguida empezará a bajar la temperatura, así que será mejor que me de un poco de prisa.


No necesito pasar por el coche y tiro seguido para subir a Luz Ardiden. Esta subida toca casi completa de sombra y me espero lo peor.


Pero cojo altitud y el sol me acompaña en los primeros kilómetros, haciendo la subida muy agradable. Ya he llegado a los dos mil metros de desnivel acumulado y se empiezan a notar en las piernas.


A partir del kilómetro seis, los claros y las sombras se van turnando y los contrastes de temperatura son brutales. Lo mismo me bajo la cremallera como me tengo que poner el buff en la cara.


En el séptimo kilómetro empiezo a sentirme cansado. Paro a comer algo más de lo que llevo y aprovecho el último rayo de sol sentado en un quitamiedos, con unas vistas preciosas hacia una verde pradera.


La segunda parte de la subida paso mucho frío, por mucha pendiente media que tengan cada uno de los kilómetros que restan hasta la estación. El sol ha caído en pocos minutos y los grados han bajado más rápido aún. Sale vapor de mi boca en cada respiración.


El final es muy entretenido. Ya baja mucha gente, me como bastante tráfico, pero muchos se atreven a bajar la ventanilla del coche para animarme. Será una chorrada pero entre unos y otros me planto arriba casi sin pensar.


Hace un frío que se caga la perra. Y ahora me toca bajar catorce kilómetros del tirón. Me abrigo con todo lo que cargo, que no es poco. Me pongo doble guante y ni por esas, a media bajada ya no siento los dedos y me cuesta frenar. Llego al coche tiritando a lo grande y me tengo que desnudar para cambiarme de ropa. Aunque tengo que conducir hasta Argèles-Gazost lo primero que me pongo es el pijama.

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