Puertos de Cantabria oriental

Ya a mediados de enero y sin hacer bicicleta. No puede ser. El tiempo pasa rápido y hay que ponerse las pilas para poder disfrutar de todos los planes que me esperan esta temporada, que no son pocos. La preparación de los últimos años me ha ido muy bien, con una brevet independiente inicial que me lleva de casa a La Sía y que, por lo general, me quita la tontería de golpe y porrazo, literalmente. Las petadas subiendo este puerto las recuerdo con cariño y algo hace que vaya hasta allí todos los inviernos después de comprobar en la web de la DGT que la carretera está transitable.

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Puertos de Cantabria oriental Bilbao 212 km 3700 m+ IR

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Salgo de casa a las nueve de la mañana para evitar el frío de primera hora y porque ha estado lloviendo por la noche. Dan mejoría para la tarde y casi prefiero hacer noche al final, en el descenso de la meseta. Las previsiones son certeras y llego a Cantabria lloviendo.


La primera veintena de kilómetros con las tachuelas de Las Carreras y La Rigada me dejan a orillas del mar, un mar que luce un turquesa espectacular. El sol quiere asomar y aparecen arcoiris por todas partes, tanto en las faldas del Serantes como en el horizonte marino. ¡Qué chulada de momento!


Las duras rampas de Saltacaballo las solvento con más suficiencia de la prevista. Voy muy entretenido disfrutando de este inmenso verde, más de otra estación.


Poco antes de llegar a Castro Urdiales, me desvío por la carretera de Otañes para subir a La Granja por Sámano. Ya casi no llueve, solo son unas gotas.


Son más de seis kilómetros de tranquila subida en solitario, sin nada de tráfico. Este puerto siempre me ha gustado especialmente. Me cruzo con un par de ciclistas casi llegando a la cima.


En la parte final, se puede disfrutar de unas vistas maravillosas, con gran parte del trazado del puerto a la vista. La pendiente constante del 5% ayuda a llegar hasta aquí disfrutando cada tramo.


Corono La Granja, como algo y desciendo rápidamente hacia Guriezo para subir Hoyomenor casi sin descanso. Es otro puerto muy parecido, con números calcados, pero no tan chulo.


Aún así, lo disfruto mucho. Voy demasiado fácil para ser la primera salida del año y empiezo a pensar que será mejor tomárselo con más calma.


Llego a Ampuero y rodeo La Aparecida para adentrarme en el valle de Aras en busca de la subida a Fuente Las Varas por la vertiente de Llueva. En un principio había pensado subir El Hayal pero me pareció demasiado meter más de 4.000 metros de desnivel en la primera salida del año.


Este tramo de aproximación me pasa factura, con el viento en contra en todo momento, y llego a San Miguel de Aras más cansado que lo que estuve hace un rato por los puertos. Apenas he pasado de cien kilómetros en los últimos meses y ya me estoy aproximando a esas cifras, por lo que me tomo un pequeño descanso en Llueva para tomar una barrita, un par de onzas de chocolate y un triturado de frutas que he descubierto recientemente en el Carrefour y que me va de maravilla.


Asciendo a Fuente Las Varas recordando viejos tiempos. Esta vertiente de Lluvia ya no será la misma que subí la primera vez tras las obras que la modificaron. Aún así, deja unas vistas del valle inmensas y su trazado es muy entretenido, con esas curvas de herradura seguidas en su parte final.


Voy subiendo con mucha pausa. La parada de la base me ha roto un poco el ritmo que traía pero creo que me va a venir bien. El día está quedando despejado y estoy disfrutando muchísimo. Ya tenía ganas de una buena ruta como ésta.


A poco de coronar Fuente Las Varas, se cambia de valle con unas vistas de las montañas nevadas que quitan el hipo. Me cruzo con otro ciclista a poco de llegar al alto. Desde que dejé la N-634 en Mioño he visto más ciclistas que coches.


Ahí abajo está Matienzo y uno de los parajes más bellos que te puedes encontrar. Me sigue soplando el aire de cara y no me puedo quitar ni los guantes porque se me quedan las manos heladas. Subiendo solo me bajo un poco la cremallera de la chaqueta para evacuar mejor el calor corporal pero siempre sin pasarme.


Cruz Usaño solo son tres kilómetros de suave subida pero de esos que nunca quieres que terminen. Es el último puerto antes del coloso que me espera y, como voy a tomar algo en Arredondo, se me pasan más rápido de lo normal.


Acabo de pasar de los cien kilómetros y me queda la mitad. Pero la etapa está tan bien tirada que mentalmente solo me quedan los próximos veinte kilómetros. Me meto en un bar de Arredondo para comer algo con más fuste y me sirven un pincho de tortilla de patata con jamón y queso junto a un buen colacao caliente.


Apenas un cuarto de hora y ya estoy en marcha. Pretendo quitarme algo de ropa para la subida que me espera pero, al salir del bar, me lo tengo que poner todo. El sol empieza a caer y vuelve a hacer mucho frío.


Bueno, he venido para esto. Subir un puerto de veinte kilómetros solventando mil metros de desnivel es lo que hace falta para ponerse las pilas. El problema es que tengo pesadillas cada vez que pienso en los principios de año y en lo que me pasa en La Sía llegando justo de forma.


Todo el acceso a los collados del Asón se encuentra muy sombrío. Los carteles kilométricos me sirven de guía y de entretenimiento. Los voy descontando y, casi sin darme cuenta, me encuentro frente a la cascada.


Esta primera parte ha ido bien, mejor de lo esperado. La parada de Arredondo me ha llenado los depósitos y mi cabeza repite una y otra vez que solo me queda llegar arriba. Luego solo quedarán 85km en descenso y estaré en casa.


Ya no hay sol ni protección de la montaña. La sensación térmica baja una barbaridad y me entran muchas dudas. Estoy a puntito de bajar hacia La Gándara pero el ángel de la oreja derecha le gana la partida al diablillo de la izquierda y me mantengo en mi plan original.


Hay cartel indicando que el puerto está abierto pero yo tengo muchas dudas. Esta mañana a las ocho revisé la web de la DGT por última vez y el puerto estaba abierto y sin incidencias. Sus vecinos Lunada y Estacas de Trueba lucían un aviso de cadenas y ha estado lloviendo por la mañana. Espero no tener que subir y bajar por el mismo lado.


La sensación térmica es tremebunda. Estoy pedaleando dentro de un congelador y espero que, caso de estar el puerto transitable, me de tiempo a llegar a Espinosa de los Monteros con luz natural.


Los aerogeneradores apuntan hacia Burgos. Voy con el aire en contra pero la montaña me protege algo. La vertiente burgalesa puede ser tremenda.


Sorprendentemente, llego al portillo de La Sía sin síntomas de sufrimiento. La forma física que me están dando tanto nadar como correr está compensando con creces la falta de bicicleta de los últimos meses. Solo hay un problema: el viento es gélido y me está destrozando.


La bajada hacia Espinosa está muy peligrosa, con tramos con nieve y hielo que me obligan a pasar caminando. Apenas siento las manos para frenar y empiezo a tiritar con insistencia.


Llego a Espinosa de los Monteros con las manos doloridas. Las calles están blancas y solo tengo una idea en la cabeza: entrar al primer bar que vea para entrar en calor.


La tía del bar alucina al verme entrar, tiritando y con las manos insensibles. Le pido un colacao y tiene a bien ponérmelo hirviendo para que trate de calentarlas con el vaso, mientras Valencia y Almería se golean mutuamente. He pasado frío muchas veces pero nunca con estas consecuencias. Estar tan fino me ha dejado indefenso frente a las bajas temperaturas.


Recupero el tacto y me pongo en marcha. Apenas quedan unos minutos de luz y, para no parar más, pongo toda la electrónica a funcionar. Llego a El Cabrio a través de Noceco para recortar un par de kilómetros. Apenas hay tráfico. Esta nacional ya no es lo que era antes en fin de semana. Parece que se acabó aquello de ir a pasar sábado y domingo al pueblo de Burgos.

He cometido el error de no coger las gafas fotocromáticas y la noche hace que tenga que descender hacia Balmaseda sin ellas, ya que las normales son demasiado oscuras para la noche. Por suerte, anticipo la llegada de un quitanieves echando sal que me bombardea con pelotazos directos a los ojos. Es el único incidente hasta llegar a casa un par de horas después, con mejores sensaciones que nunca y con unas ganas tremendas de tomar una ducha caliente.

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2 comentarios :

  1. Primero, envidia mal sana por esas carreteras y paisajes, y segundo coincido en que correr, cosa que no hago desde octubre, aporta muchos beneficios para el ciclismo. Confío en que después de leerte vuelva a aplicarme en este menester.
    Me ha gustado la visita al bar, me ha recordado cuando en un descenso del Tourmalet tuve que hacer la misma operación para entrar en calor.
    Un saludo.

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    Respuestas
    1. Por aquí caen cuatro gotas y se pone todo chulísimo. Y lo llaman 'mal tiempo'.

      No sé si correr será bueno o no. De lo que estoy seguro es de que te deja sin esa capa grasa que tan bien venía para la bici. Estoy por descorrer lo corrido, jejeje

      ;-)

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