Costa Dorada y sierra de Llabería

Hoy he dormido en la playa de La Pineda. Mientras el Cantábrico ruge con fuerza, el Mediterráneo muestra su ternura, con olas que no superan los diez centímetros. No he descansado muy bien ya que, cuando acabo muy cansado, las piernas cogen demasiada temperatura por las noches. Aún así, salgo antes que ayer con idea de hacer los doscientos kilómetros planeados para la etapa de hoy.

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Costa Dorada y Llabería Salou 165 km 2100 m+ IR

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Aún no ha salido el sol por el horizonte cuando me pongo en marcha. Me duele el culo cuando lo apoyo en el sillín. Es el gran problema de estarse tiempo sin apoyarlo en la bici durante tantas horas.


Sigo la carretera de costa lo más pegado al mar que se puede hasta llegar a Tarragona. El sol empieza a asomar, lo que hará que suba la temperatura enseguida, dejando una jornada muy agradable, tal y como he venido a buscar.


Atravieso la ciudad serpenteando entre los coches de la gente que va a trabajar por la mañana. Destacan los camiones, ya que hay muchísimo tráfico pesado por la zona porque es muy industrial. Poco a poco se va tranquilizando la cosa y llego hasta Cala Romana, desde donde ya tiraré para el interior abandonando la costa.


Enfilo para Perafort por una carretera muy tranquila. Sigue habiendo muchos camiones pero, fuera de las nacionales, la cosa es mucho más llevadera.


Salir de la costa me obliga a ir cogiendo algo de altitud. El coll de Tapioles es una pequeña tachuela que tengo que solventar antes de girar hacia Reus.


El tramo que va desde El Morell hasta Reus es bastante soso. Voy rodando entre rotondas y siguiendo amplias rectas. En Reus llevo 45km y paro en un bar para tomar un pincho de tortilla y una cocacola antes de enfilar hacias las montañas de esta etapa.


Me dirijo a Riudecanyes con aire en contra cuando me adelanta un grupo muy numeroso de ciclistas. Van todos uniformados con el coche de equipo siguiéndoles. Se trata de algún equipo extranjero que ha venido a lo mismo que yo, aprovechando el tiempo amigable que hay en la zona. Al igual que otros ciclistas, aprovecho la estela hasta despegarme para subir al castillo de Escornalbou.


La subida a Escornalbou es de esas cortas pero duras, con rampas rondando el 20%. Ya el paso por Riudecanyes me hace parar para quitarme los guantes, el buff y desabrocharme la chaqueta. Hace bastante calor, más del que acostumbro a sobrellevar en estas fechas.


Salgo a la carretera y las rampas se suceden, con algún pequeño descanso, entendiendo descanso las rampas al 8-10%. Es en estas rampas cuando más me molesta el culo.


Al igual que ayer en Mont Caro, me vienen recuerdos de mi anterior subida a esta cima. Es muy gratificante repetir este tipo de puertos de una forma tan diferente como estoy haciendo ahora. Los estoy disfrutando mucho más siendo más consciente de por dónde me muevo.


No sin esfuerzo, llego al último kilómetro, desde donde ya se puede ver el castillo coronando la montaña. Aún queda un poquito más de andar por encima de la doble cifra para llegar arriba.


El asfalto termina en el aparcamiento que me sirvió de hotel hace ya unos cuantos años pero hay una pequeña pista asfaltada por la izquierda que sigue para arriba. Me meto por ella y, durante unos cuantos metros, sigo ganando altitud.


Pero enseguida se acaba esta pista y hay que desmontar para poder seguir hasta la ermita del alto por un camino de enorme pavés.


Solo hay vistas por un pequeño hueco entre árboles, en dirección a L´Argentera, que es hacia donde voy a bajar para reconectar con la carretera de Teixeta.


La carretera que baja por esta otra vertiente es mucho más modesta que la de Riudecanyes pero mucho más bonita. Hay algo de gravilla y me lo tomo con calma. Coincido con una chica que sube corriendo. No es mal lugar para una ruta circular a la carrera.


Dejo atrás L´Argentera y llego a la carretera que sube hacia Teixeta. Este puerto es de una suavidad total. Recuerdo haberlo subido a toda pastilla, con plato grande.


Y los recuerdos no me engañan. Apenas se supera el 5% en algún punto concreto. A lo lejos veo a otro ciclista y me voy acercando poco a poco a su lado.


Se trata de otro extranjero, con vestimenta un tanto peculiar. No sé si el culot largo se lo ha prestado alguien o si ha adelgazado 60kg de golpe porque la badana le cuelga casi por las rodillas. Le supero con un saludo que no recibe respuesta de lo descompuesto que viaja el tipo. Me fijo en su cara y va chorreando sudor. Hace calor y, dependiendo de dónde sea su lugar de procedencia, está siendo demasiado para él.


Corono en la rotonda de La Teixeta y me detengo para cambiar la pila del pulsómetro, que no me da señal. Intercambio la del cuentakilómetros con la de la cinta de pecho y todo funciona. Tal vez no tenía bien colocada la cinta porque las pilas son relativamente nuevas.


Camino de Pradell paso por el coll del Pigat, casi sin variar la altitud con respecto a La Teixeta. Un pequeño descanso sigue a esta cota aunque no lo necesito porque tampoco es que haya costado mucho esta subida.


Paso por La Torre de Fontaubella y, por fin, me adentro en terreno desconocido, aunque no por mucho tiempo. Una carretera estrecha y muy entretenida me lleva al alto de Colldejou. Así se llama el pequeño pueblo de la otra vertiente y me imagino que el coll se llamará Jou, pero prefiero llamarle Colldejou para diferenciarlo de muchos otros con nombre similar en Cataluña.


Solo son cuatro kilómetros al 6% pero me empiezan a pasar factura los kilómetros que llevo. Ya me aproximo a la centena y empiezo a pagar la inactividad.


Según me voy acercando a la cima, me atormentan los pensamientos de atajar por donde sea. No dejo de mirar a los mapas del GPS y me tranquiliza mucho ver que tengo varias opciones.


Corono el alto de Colldejou. La subida, a pesar de mi sufrimiento y falta de fuerzas, me ha gustado mucho. Me estoy adentrando en la sierra de Llabería, una de las zonas más guapas de Tarragona.


Llego a Colldejou en suave descenso. Se está estropeando un poco el día, con bastantes nubes asomando ya por las montañas. A pesar de ir medio fundido, decido seguir con lo planeado.


Abandono la carretera principal tomando una pista asfaltada que va directamente hacia Pratdip. Esta parte del recorrido de hoy está siendo preciosa y eso me sirve de aliciente y de bálsamo contra el cansancio.


Hace ya bastante rato que viajo en solitario, sin tráfico ninguno, y las posibilidades de encontrarme con alguien por estos parajes son mucho menores.


Tras un par de buenos repechos, enlazo con la carretera de Pratdip y comienzo a subir a Fatxes. A media subida tenía pensado desviarme para coronar en Llabería pero ya lo estoy descartando. Llegar a doscientos kilómetros se me antoja imposible con la caraja que empiezo a llevar encima.


La subida es suave y tendida pero me cuesta una pasada dar pedales cuesta arriba. Ando muy escasito de fuerzas y llevo el bidón vacío desde hace un buen rato.


Llego al área recreativa de Santa Marina y hay una estupenda fuente de la que mana abundante agua fresca, tanto que una pareja llena bidones para cargarlos en el maletero de su coche. Hay un montón de escolares jugando con sus monitores haciendo vigilancia. El rato de descanso y avituallamiento me viene genial porque llego a este punto muy cansado.


Sigo subiendo con mucha tranquilidad y enseguida noto que el parón no ha sido más que una alucinación pasajera porque no camino bien. Llego al cruce de Llabería y, aunque había sopesado la idea de subir y completar los planes, me doy cuenta de que será mejor empezar a pensar en volver al coche. Empiezo a ir muy tocado.


Sigo subiendo el puerto de Fatxes animándome porque ya es la última subida del día y luego todo será terreno favorable. El trazado es precioso en esta parte final, dejando unas vistas estupendas de los cortantes de la sierra.


La fatiga va en aumento. Aún así, disfruto mucho del momento pensando que en Bilbao estará lloviendo y con frío.


Corono Fatxes y conecto con la carretera de Vandellós, hacia donde desciendo a gran velocidad, con la vista puesta ya en el mar. Me duele tanto el culo que aprovecho la bajada para separarlo del sillín el mayor tiempo posible.


Llego a L´Hospitalet de L´Infant. Las nubes de las montañas dan paso a un cielo totalmente despejado. Apenas hace aire, tan solo una ligera brisa muy agradable que invita a quedarse sentado en un banco del paseo de la playa de Miami.


Mientras me es posible, sigo pegado a la playa, incluso yendo por los carriles-bici limitados a 10km/h. Tampoco me importa ir suave porque empiezo a ser consciente de que he petado y de que no puedo con mi alma.


El paseo playero termina dando paso a la carretera de Cambrils. La mayor densidad de tráfico se la lleva la autovía paralela y voy bastante cómodo por el arcén.


El tramo de carretera se me hace interminable. No veo el momento de terminar con esas rectas y de volver a meterme en los paseos de las playas. Al llegar a Cambrils, no dudo en desviarme hacia el bidegorri.


No soy capaz ni de dar pedales en un bidegorri. Me voy parando de banco en banco, como si del juego de la oca se tratara. En este momento, bien que cambiaba la bicicleta por un bañador.


Llego a Salou y, en mi afán por ir lo más pegado posible al mar, me encuentro con la pequeña subida al cabo de Salou. Apenas es un repechito pero me cuesta como si se tratara de un puerto de categoría especial.


Cuando llego a la playa de La Pineda llevo la mirada perdida, el aliento exhausto y el culo con herida. A pesar de haber atajado un poco el trazado previsto inicialmente, me he ido a 165km. y lo estoy pagando.


Me cambio de ropa y como algo de urgencia. Es imposible que haga etapas de 200km tal y como estoy, así que improviso nuevos planes sobre la marcha y decido irme a Montblanc para, al menos, hacer una ruta circular por esa zona y acercarme a mi vía de salida de Cataluña por la carretera de Lleida. Con tres etapas de bicicleta creo que va a ser suficiente y dejaré una cuarta para correr, posiblemente en Zaragoza.

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