El sector de Grasse

Haber dividido la etapa de Cannes en dos mitades me ha dejado un día tranquilo. Me queda una mitad en Grasse, con dos sube-baja a un par de puertos que, además, comparten kilómetros iniciales, con lo que me quito un poco del segundo. Si todo va bien, me va a quedar mucha tarde, así que me levanto con ganas de aprovechar más el día quitando algún puerto de la otra etapa larga que me queda.

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El sector de Grasse Grasse 84 km 1800 m+ IR

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Con dos sectores a la vista y un desplazamiento intermedio hay que madrugar mucho porque la velocidad media en coche por las secundarias francesas suele ser muy lenta.


Disfruto de un amanecer maravilloso enfrascado en las primeras rampas del col de Valferrière. Es un puerto larguísimo, de 35km, de esos que son más enlazado de collados que puerto continuado.


El sol rojo de la mañana deja unos colores más otoñales que de este inicio de primavera. A diferencia de los días anteriores, no hace casi nada de viento. Ni me lo creo. Se nota que estoy entrando ya en la franja alpina, lejos de ese gran corredor de aire que se produce entre Alpes y Pirineos.


La temperatura es exquisita, justo lo que he venido a buscar en estas fechas por estas tierras. El sol calienta desde el primer momento y casi dan ganas de ir buscando las sombras. Se está de cine y eso hace que suba con mucha comodidad.


Dejo atrás la localidad de Saint Vallier de Thiey, después de haber coronado el col de Pilon, uno de los pasos intermedios que hay en este larguísimo puerto. Hace un rato que dejé a mano derecha el desvío de la Montagne de Doublier, a donde iré luego cuando baje de este largo.


El sol pega con fuerza y se van obteniendo unas amplísimas vistas del valle. Llego al segundo col intermedio, el col de la Faye, ya con ganas de ir terminando. Estos puertos tan largos se me llegan a hacer muy aburridos.


La última parte del puerto me parece más interesante aunque la pendiente se vuelve más suave todavía. Me lo empiezo a tomar como un paseo para ir calentando motores para la Montagne de Doublier, que tiene pinta de ser totalmente diferente.


Un puerto de estas características te da para ir cabilando de cualquier cosa. Lucho con mi mente buscando un tema de distracción para que los kilómetros pasen sin mirar cuántos llevo.


La llegada a Scragnolles es una bendición. Cualquier cosa que cambie las tornas se agradece muchísimo y me conformo con ver los anuncios de la Fiesta de los Burros.


Entro en la parte final del puerto con unas ganas tremendas de terminarlo. Hay días en los que uno se levanta con ganas de escalar grandes puertos y no esto. Siento que estoy desaprovechando las fuerzas que otros días faltan.


Corono el col de Valferrière con un calor importante y con la sensación de que he estado transitando por un desierto porque no recuerdo haberme cruzado con ningún coche en estos 35km.


Como y bebo algo antes de dar media vuelta. El descenso tiene dos pequeñas subidas, lógicamente, y en él me cruzo con bastantes ciclistas algo menos madrugadores que yo. La subida a la Montagne de Doublier creo que será diferente. La pendiente de la carretera ya lo apunta desde el desvío.


Me sobra toda la ropa. El calor y la pendiente se juntan para obligarme a quitar mangas, mallas, guantes, buff, ... Hace un calor del copón y llevo ropa para parar un tren.


La carretera se dirige, en un principio, a la cárcel de Grasse para, poco después, convertirse en pista asfaltada hacia las antenas.


Los números empiezan a ser de doble cifra y voy buscando cada sombra, con cuidado de no meterme en ninguno de los numerosos baches. Coincido con una señora que sube en coche y que casi no cabemos los dos, con la mala suerte de que va parando y me adelanta cuatro veces en toda la subida, acordándome bastante de su familia.


Hay un par de bifurcaciones complicadas, donde el track del GPS resulta imprescindible para no equivocarse, ya que a mano derecha hay otro pequeño alto coronado por una bola de esas tipo radar.


Hay que esforzarse para llegar arriba pero hoy voy sobrado. Es una lástima que todos los días no sean fiesta porque se disfruta muchísimo más cuando no vas jodido.


Ahí mismo tengo el Mediterráneo, a golpe de escupitajo. Dan ganas de ponerse el bañador y acercarse para tomar un baño.


La bajada hasta Grasse es rapidísima y me queda medio día para hacer algo. Tal y como había previsto por la noche, voy a poder realizar otro sector vespertino para quitarme algo de la etapa larga que me queda. Así no tendré que echar nunca un día completo de sol a sol y podré disfrutar de los lugares con más calma.

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