Puertos de Niza

Todo lo que empieza dicen que acaba y he dejado para esta octava etapa la última ruta circular desde Niza con lo que será la Cima Coppi de todo el viaje: L´Authion, un pequeño extra que sale desde el puerto de Turini. Ayer terminé el día con muchas nubes por la zona y lo primero que hago al despertar es mirar cómo están las cosas por la ventanilla del coche.

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Puertos de Niza Niza 142 km 2800 m+ IR

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Ha habido suerte. El día amanece perfecto para una etapa de alta montaña. La temperatura en Niza es muy agradable pero, viendo cómo acabó el día de ayer, no me fío mucho y decido llevar la chaqueta de invierno.


La etapa consta solamente de dos puertos pero ambos juntos se van a los casi tres mil metros de desnivel positivo acumulado. Voy remontando Le Paillon de Contes para iniciar la subida al col de Braus.


De nuevo me muevo por carreteras muy tranquilas. Fuera de la costa, donde todo está casi siempre colapsado, la tranquilidad es enorme.


Corono el col de Niza antes de llegar a L´Escarène. Ha sido como un pequeño calentamiento con una mínima bajada previo a la subida real al col de Braus.


Me quedan diez kilómetros por una carretera muy diferente, mucho más atractiva. Desde el mismo cruce de partida coincido con otro ciclista francés, con el que hago toda la subida con unos metros de distancia por delante o por detrás, en función de las veces que paro para quitarme ropa. Hace bastante calor y me sobra todo.


La remontada del valle es muy escénica, con un precioso tramo de herraduras que se podrán apreciar perfectamente desde poco más arriba.


Se empieza a nublar el día según voy ganando altitud y la sensación térmica cambia de repente. El francés y yo vamos casi al mismo ritmo así que terminamos por juntarnos e intercambiar algunas palabras.


El tramo de herraduras que viene después de Saint Laurent es una maravilla. La pendiente se mantiene constante en un 6-7% y no hay ninguna rampa más exigente que eso.


Da gusto echar un vistazo atrás en plena parte final. Entramos en el último kilómetro y nos pasa otro ciclista a plato que yo ni había visto llegar.


La cima del col de Braus es un cruce de caminos y hay varios ciclistas en ella que tiran por un camino diferente del mío. El francés y yo nos despedimos pues él también va por ese.


El camino que tomo yo es el directo, el que se dirige a Sospel por un rápido descenso. Ahí empieza la larguísima subida al col de Turini, previo paso para el añadido a L´Authion que es mi objetivo.


Van a ser treinta kilómetros a un 5% de media, así que como bien para que no se me haga demasiado larga la subida. Pepinos así, sin rampas duras, parece que no pero pasan factura.


Los primeros cinco kilómetros remontando La Bévéra son suaves. Sirven para ir calentando motores y para ganar confianza por el avance rápido del cuentakilómetros.


Enseguida se pasa a un tramo espectacular. El estrecho desfiladero te permite pasar entre moles rocosas disfrutando tanto que apenas sientes la pendiente.


Algunas suaves herraduras sirven para descansar un poco y para disfrutar de una perspectiva diferente del valle según sea el sentido de la carretera. Subidas como esta se hacen muy entretenidas y, a pesar de su enorme longitud, se me está haciendo más corta de lo normal.


Tremendo este tramo, de una belleza descomunal. La vegetación destaca sobre todo. Hay una densidad enorme que no tiene nada que ver con el resto.


Paso bajo un viaducto y disfruto de un pequeño tramo de descanso hasta llegar a Moulinet. Cada vez está todo más cubierto y llega a caerme alguna chispilla aislada.


El descanso viene justo en mitad de la subida. Llevo un montón de desnivel superado y me queda ¡más de la mitad! Este tipo de puertos son de otra dimensión.


El espectáculo se mantiene, herradura tras herradura. Me estoy adentrando en un paraje perdido, repleto de picos montañosos con las laderas cubiertas de vegetación, y la niebla que cubre las cimas mantiene un aspecto inquietante.


Ya cerca del col de Turini, se abren algunos claros de esos que sabes que preceden a la tempestad. Empiezo a sentir el cansancio que produce una subida tan larga.


La nieve empieza a hacer acto de presencia en los lugares más sombríos. Soy consciente de dónde me encuentro y de la altitud que va cogiendo el tema.


Corono el col de Turini con una bajada repentina de la temperatura. No tengo frío y eso me tranquiliza cuando me cae la primera gota gorda.


Me desvío por la carretera de L´Authion. Son casi cuatro kilómetros más en los que empieza a lloviznar casi de inicio. Aunque las gotas duran un suspiro y pasan a convertirse en copos de nieve.


Me entra la niebla con rapidez, proveniente de la vertiente que he subido. La de descenso se mantiene despejada pero aún me queda un rato de subida.


Hay algún tramo con hielo que tengo que hacer andando. No se ve nada más allá de veinte metros y tampoco tengo claro dónde termina la cosa.


Consigo llegar al punto final del track que he metido en el GPS en medio de una nevada curiosa. Los copos son pocos pero muy grandes. Esto hace que no me entretenga nada y que parta pitando para abajo. La temperatura ha caído a 2ºC pero me mantengo caliente.


Durante el primer kilómetro de bajada me sigue nevando pero pronto pasa a caer agua. En cuanto voy perdiendo altitud no hace el frío necesario para la nieve y me cae agua, mucho más molesta.


Por suerte, la lluvia se concentra en la vertiente sur y en la norte me salvo. Puedo bajar tranquilo y disfrutando de las vistas de este otro valle.


En cuanto conecto con el valle del Vésubie, la cosa se pone fea de verdad. Empieza a llover torrencialmente y me pillo una chupa del copón. Mientras sigo dando pedales a toda máquina, gracias a que ya todo es para abajo, una mujer se pone a mi lado con el coche y me dice por la ventanilla si quiero que me lleve a alguna parte. El coche es un pequeño descapotable (cubierto, obviamente) y no para de repetir que la bicicleta también cabe. Siempre te sorprende la amabilidad de alguna gente. Le doy las gracias con insistencia declinando la invitación porque voy bien. En el valle hace calor y la lluvia no me molesta.


La salida al valle del Var coincide con el final de la lluvia, algo que ya se intuía al pasar por Saint Jean la Rivière porque se veía que la nube estaba concentrada sobre mi cabeza, dando lugar a un amplio claro en la zona costera.


Llevo 35km de bajada y me quedan otros 35km más hasta llegar a Niza, casi sin un metro más de ascenso, lo que hace que mantenga una velocidad de crucero muy rápida a pesar de llevar el viento en contra. El tráfico es muy soportable y, solo en la parte final, ya en las calles de Niza, se hace un poco incómodo.


En Niza luce el sol y se está de maravilla. Me queda toda la tarde para disfrutar un poco haciendo turismo y decido llegar hasta la carretera de la costa para seguir por ella y ver la ciudad de cabo a rabo.


Llego a la costa, junto al aeropuerto. Aquí hay más tráfico pero un bidegorri sigue todo el paseo y, aunque me obliga a circular más despacio, tampoco me importa demasiado tener que parar cuando pasa gente o por culpa de los ciclistas urbanos que van con el cestillo delante.


El paseo es muy agradable, de lo mejorcito que he visto en todos estos días. Está lleno de turistas y se oye más hablar en italiano que en francés. Se nota que es sábado.


Aún me queda algo de comida en los bolsillos y decido sentarme en un banco al sol para vaciarlos, disfrutando de mis últimos momentos por la región.


Con mucha calma, recortando turistas que pasan por el bidegorri sin mirar y trasteando con el móvil, avanzo hacia el muelle de Estados Unidos. Hay una pequeña reproducción de la Estatua de la Libertad por ahí danzando.


La ruta llega a su fin. Ha sido una etapa redonda, de esas que se van a quedar en la memoria por mucho tiempo.


Me quedan dos puertos para cumplir mis objetivos en este viaje y lo he dejado muy bien para hacerlos de camino a casa. Voy a dormir en Toulon y decido escapar de la carretera principal para pasar por todos los núcleos costeros, desde Antibes y Cannes, pasando por Saint Raphaël y Fréjus, conduciendo con mucha calma. Esto se acaba.

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