Una visita a Pirineos Atlánticos

Este fin de semana tengo varios planes, con una marcha de largo recorrido el sábado y otra el domingo. Y como la del sábado es en Irurtzun, no puedo dejar pasar la oportunidad de tocar Pirineos con la bicicleta y me diseño una buena etapa circular con salida y llegada en la localidad navarra. La idea es hacer 260km pasando a Francia, con Burdinkurutzeta y Larrau como platos fuertes, llegando cerca de los 5000m de desnivel positivo.

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Pirineos Atlánticos Irurtzun 202 km 3300 m+ IR

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Iba a salir anoche pero acabo saliendo de Bilbao por la mañana, con lo que llego a Irurtzun cerca de las diez. No me importa porque calculo que me dará para llegar de día a Ochagavía y así pruebo la batería que me dio Javier, que no la he usado todavía.


Salgo a las diez y media. La etapa no me va a dejar mucho tiempo de descanso para mañana pero espero que sea suficiente.


La carretera de Muskitz ya me avisa de lo que va a ser la tónica del día. Un verde estratosférico inunda el paisaje. La primavera ha entrado de lleno y el occidente de Navarra es uno de los mejores lugares para disfrutarla.


No puedo dejar de hacer fotos. Cada curva me regala una estampa tanto o más bonita que la anterior. Aún no llevo diez kilómetros y ya llevo un porrón de disparos. O me corto un poco o va a ser demasiado.


Carretera tranquila, trazado sinuoso, asfalto impecable, vegetación desbordada, ... Dan ganas de dar vueltas sin rumbo fijo, solo por el placer de pasear por estos parajes.


Siempre he pensado que Navarra no disfruta de los grandes puertos pero sí de las mejores rutas. Es difícil encontrar en otro lugar tanta acumulación de belleza.


Erice, Iraitzoz, ... Van pasando las localidades una tras otra y en todas se respira la misma tranquilidad. Las ovejas pastan en praderas interminables.


Conecto con la carretera de Pamplona a Irún y me pasan un par de camiones antes de tomar el desvío que lleva al puerto de Belate. Por lo demás, apenas hay tráfico.


Ha salido una mañana estupenda pero se están amontonando unas nubes negras un tanto amenazadoras. Enfilo las suaves rampas de Belate con un ojo puesto en ellas.


Corono el puerto de Belate pasados los treinta kilómetros y me tomo el primer tentenpié. La jornada va a ser larga y dura y, en estos casos, suelo planificar cada cuantos kilómetros me meto algo al estómago para no dejar de comer nunca.


La bajada hacia Berroeta está bastante estropeada y el GPS no deja de soltarse del soporte en cada bache. Me veo obligado a parar y a sujetarlo con un poco de cinta aislante que siempre llevo en el bote de herramientas.


La media docena de kilómetros que hay hasta Irurita son una pasada. Voy con la cabeza despistada cuando se me viene un pensamiento: he olvidado mirar en la web de la DGT el estado del puerto de Larrau y siempre es el último en abrirse de Pirineos. Hace tanto calor que se me ha pasado que aún estamos a primeros de mayo y que ha nevado mucho este año.


A la entrada de Irurita me encuentro con un coche de la Policía Foral y pregunto si saben cómo está Larrau. Me contestan que no saben nada, sin hacer nada al respecto, con lo poco que les costaría confirmarlo por la radio.


Tres kilómetros más y ya estoy en Elizondo. Esta localidad me trae muy buenos recuerdos de algunos preparativos de estos años atrás.


En Elizondo vuelvo a hacer parada para comer algo. Llevo casi 60km y sigo con el ritmo de meterle algo al cuerpo cada treinta kilómetros. Aprovecho para llamar a casa y le digo a Amaia que me mire en la web de la DGT cómo está Larrau. He cometido un error inmenso saliendo de casa sin comprobarlo.


Hay siete kilómetros de Elizondo a Erratzu, donde empieza Izpegi y termina la cobertura del móvil sin coste de llamada de roaming, así que quedo en llamarla en un rato para que me diga lo que pone en la web.


Llego a Erratzu con un calor importante y me meto en la tienda pequeña que hay justo en el estrechamiento de las calles. Casi siempre que paso por este pueblo entro y cojo una lata fría de cocacola en la nevera.


Al salir, vuelvo a llamar a casa y Amaia me confirma lo que ya sospechaba: Larrau está cerrado. No me puedo creer el error que he cometido de planificar una ruta sin comprobarlo antes. Esto trastoca mis planes y empiezo a subir Izpegi dándole vueltas para ver qué solución adopto.


No merece la pena darle más vueltas. Decido que ya veré en Saint Jean Pied de Port lo que hago y me centro en disfrutar de esta vertiente de Izpegi, uno de los puertos que mejores recuerdos me trae siempre que lo subo, y ya van unas cuantas veces. (VER HISTORIA)


Este puerto siempre está precioso. Su pendiente suave ayuda a disfrutarlo. El trazado es muy entretenido y no sobra ni un metro.


Voy avanzando y de nuevo me viene el pensamiento de elegir una opción de regreso de Donibane Garazi. Ibañeta no me apetece y aparece Azpegi como una opción. He subido varias veces Arnostegi pero Azpegi solo lo he hecho de bajada. Tan solo una vez lo hice andando de subida y puede que esta sea la ocasión perfecta para hacerlo en bici.


Ya está decidido, volveré por Azpegi. Eso me hará recortar algo la distancia inicial y hasta puede que me venga bien para tener algo de descanso para la marcha de mañana. A veces pienso que las cosas pasan porque tienen que pasar.


Estoy llegando a la cima y me doy cuenta de que me he bebido un bidón entero. El calor empieza a apretar al mediodía y las nubes dan paso a un sol de justicia.


Corono Izpegi ante la atenta mirada de los numerosos comensales que disfrutan del día en la terraza del restaurante. Otra vez voy a entrar en Francia, algo que siempre me resulta muy motivante.


El descenso me deja en Saint Étienne de Baïgorry. A pesar de llevar un mes sin hacer ninguna ruta seria con la bici, las sensaciones son inmejorables. Me encuentro muy a gusto y con ganas de seguir haciendo kilómetros.


El calor aprieta más en el valle, camino de Saint Jean Pied de Port. Hay una ligera brisa favorable que me permite llevar un ritmo alto que hace que salve los toboganes simplemente con la inercia.


Llego a Donibane Garazi por encima de los 90km, momento de hacer otra pausa para comer algo. Me voy de cabeza a los baños públicos para rellenar el bidón de agua y para refrescarme un poco.


Esta localidad me maravilla. Hay un ambiente especial, en parte gracias a ser el punto inicial del Camino de Santiago. Siempre hay un montón de peregrinos y muchos cicloturistas de alforjas.


Ya he tomado una decisión. Azpegi es el puerto elegido para regresar hacia el sur. Nunca he subido en bicicleta la vertiente de Esterenzubi y voy a aprovechar la ocasión.


Si no recuerdo mal, la última vez que pasé por aquí fue en bajada, corriendo con Amaia en un maratón circular con el Arnostegi como plato fuerte. Aquella fue una jornada espectacular.


Esta carretera es de una belleza increíble y que, además, va en aumento a medida que el valle se cierra. El calor aprieta cada vez más y soy consciente de que las durísimas rampas que se acercan me van a pasar factura.


Me conozco la zona de memoria y, justo antes de la rampa del 18% que da inicio a las hostilidades, reviso el bidón de agua. Llevo la justa como para no pasar demasiados apuros hasta llegar a la fuente de la Fábrica de Armas de Orbaitzeta.


Pero la subida se hace larga y sufro bastante. No encuentro un golpe de pedal cómodo. La falta de salidas de este tipo me crea un dolor en los lumbares que me obliga a subir de pie en muchos momentos. Bailando la bici es como mejor me encuentro porque sentado no me salen las fuerzas.


Sigo haciendo subida, consciente de lo que llevo y sabedor de lo que me queda. Sé que resta poco y eso me ayuda a llevar bien la fatiga.


La enorme vegetación me va echando una mano en forma de grandes sombras, que busco continuamente. El cielo parece compadecerse de mi y me echa otra manita poniendo unas nubes salvadoras que me dan cobijo hasta la cima.


Estoy cerca de la bifurcación en la que se deja la subida al Arnostegi para tomar la ladera izquierda del monte Urkulu cuando una familia empieza a animarme desde sus mesas de camping, situadas en este perfecto mirador. Solo acierto a divisar las ensaladas y me dan una envidia tremenda.


No pueden faltar las ovejas en estas verdes praderas, ni los pastores motorizados en sus 4x4. Llegado a este punto me viene a la cabeza la idea de que este año ya he estado pedaleando por Asturias, Alpes y Pirineos, cuando aún estamos a primeros de mayo. Sin tener objetivos concretos estoy disfrutando del cicloturismo a lo grande, sin repetir carreteras, sin entrenar nada, sólo dejándome llevar a golpe de impulsos.


Bueno, ha costado llegar hasta aquí pero tampoco ha sido para tanto. Si una subida como esta no cuesta es que algo pasa. Parece que el sol termina su tregua y vuelve a achicharrarme, aunque una dulce brisa mitiga el sofoco. Aquí se está de maravilla y, como tantas y tantas veces, da pena tener que marcharse.


No sé dónde está situada la frontera exactamente pero tampoco hace falta. Así deberían ser todas: invisibles. Continúo por la pista de Orbaitzeta que se encuentra cementada en gran parte.


La pista desaparece entre unos árboles espectaculares, como no podía ser de otra manera. La baja altitud de esta parte de los Pirineos hace que la vegetación adorne las montañas de una forma sublime.


Llego a la Fábrica de Orbaitzeta en el km.120, situada justamente en una nueva treintena de kilómetros. La fuente de la plaza me sirve de apoyo para dar otro empuje de comida al estómago y para rellenar el bidón. Con el cambio de planes, la etapa ha quedado bastante capada y, a partir de aquí, no habrá más dificultades montañosas. Casi puedo decir que tengo el día hecho.


De nuevo en el lado sur de la cordillera, el calor se vuelve sofocante. Llevo un ritmo crucero muy bueno, más alto del que pensaba, pero empiezo a sufrir síntomas de deshidratación. Y eso que voy bebiendo abundantemente.


Sigo el curso del río Irati, hasta llegar a Aribe. No ha habido un solo metro en la etapa en el que no haya pensado lo bonito que es esto.


El punto álgido de calor coincide con la pequeña subida a Garralda. Son solamente cinco kilómetros a un cómodo 4% pero empiezo a ir achicharrado y el bidón no me entra.


Conecto con la carretera de Pamplona con el único pensamiento de parar a refrescarme y a tomar algo frío en cuanto encuentre el primer bar abierto. Pero miro el cuentakilómetros y me mantengo en ese plan de parar cada treintena, con lo que hago la tachuela de Mezkiritz de seguido dejando pasar la oportunidad de Aurizberri.


Guerendiain se encuentra próximo al km.150 y se ajusta más a mi autoimpuesta norma de los treinta kilómetros entre bocado y bocado. Hay un bar en una pequeña plazuela en el que me tomo un helado de hielo que me sienta a las mil maravillas. Hacía rato que llevaba los labios resquebrajados del calor y que el agua del bidón no había quien se la tomara.


Muy aliviado por el refrigerio sigo con el alto de Erro, otra pequeña tachuela que, en dirección a Pamplona, apenas supone mayor esfuerzo. En esta zona coincido con varios ciclistas a la contra. Es una carretera muy transitada por los de la zona y hay varios carteles advirtiendo de ello a los conductores.


Me estoy acercando a Pamplona llevando un ritmo muy majo gracias a la ligera pendiente descendente de esta carretera que baja de Roncesvalles. En Zubiri me da por mirar la hora y veo que no me van a hacer falta las luces.


Todas las veces que he hecho esta carretera, la etapa terminaba en Pamplona, con lo que tiraba recto por Villaba y Burlada para llegar al centro de la capital navarra. Pero hoy no me hace falta atravesar la ciudad y tomo la circunvalación de la PA-30. El giro me sitúa de frente al viento por primera vez en toda la jornada y supone un pequeño freno para la velocidad de crucero tan maja que estaba llevando.


La última parada tiene lugar en Berriozar. Apenas son un par de minutos para intentar comer algo, aunque ya no me entra nada. Lo peor es que tengo que tirar el agua del bidón porque no se puede beber. Está muy caliente y me siento deshidratado. Podría parar en algún bar pero veo muy cerca el final y no me merece la pena.


Llego a Irurtzun pasadas las nueve, a tiempo de disfrutar de un ocaso espectacular para poner broche a una jornada redonda. El final con el viento de cara me ha vaciado bastante, llegando algo justo.


Pensaba llegar de noche, con solo dos o tres horas de tiempo para cambiar el chip cicloturista por el de la marcha de montaña de mañana pero voy a tener tiempo de dormir unas horas. Solo puedo comer una lata de macedonia de frutas y un batido de colacao porque no me entra nada sólido. Estoy algo deshidratado y las bebidas que tengo en el coche están calientes. Espero no haber ido de sobrado y que la ruta de hoy no me pase factura mañana.

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2 comentarios :

  1. Muy buena ruta.
    El Puerto de Larrau lo abrían el primer fin de semana de mayo pero, creo que hace un par de años, nevó un huevo en esas fechas y escarmentaron...ahora no sé qué plan llevarán...aunque no sería descabellado poder pasar con la bicicleta.
    Un saludo y muy buenas fotos.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, Samuel.
      Hace dos o tres años ya tuve que pasar andando unos metros, con la bici al hombro, y se me vino esa imagen a la cabeza justo antes de pasar a Francia. Una pena porque me apetecía mucho hacer el diseño original de la ruta.
      Tengo hambre de Pirineos. Lo más inteligente para ir sobre seguro sería seguir tus pasos, tan bien documentados. ;-)

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