La estación de Cairngorm

Inverness ha sido el punto más septentrional en el que he estado nunca. Todo lo que me queda es 'para abajo'. A medida que voy abandonando el norte, las nubes quedan atrás y la temperatura aumenta. Los días son tan largos en estas fechas y por estas latitudes que puedo aprovechar para hacer muchas cosas. Decido parar en Aviemore para hacer compra de regalos para la familia y, aunque hoy no tenía pensado hacer nada más en bicicleta, tengo tiempo de sobra para subir a la estación de esquí de Cairngorm, en pleno parque nacional del mismo nombre.

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CAIRN GORM Aviemore 635 15 3 % IR


El día está resultando fabuloso. Los Highlands me están ofreciendo una variedad de situaciones que hacen la jornada entretenidísima. Lagos, mar, montañas, sol, nieve, ... 


La subida a Cairn Gorm desde Aviemore es uno de los puertos más largos de todo el viaje. Son 16km hasta la estación de esquí aunque los once primeros sean muy poca cosa.


Aviemore resulta ser un centro turístico de cierta importancia y hay mucho movimiento. Aún así, la carretera de la estación no lleva mucho tráfico. Tan solo algunos turistas que van y vienen del lago Morlich.


El lago Morlich se encuentra rodeado por el bosque de Glenmore. Hasta aquí, cuando llevo ya nueve kilómetros recorridos, apenas he tenido que subir cien metros de desnivel.


Dejo atrás el lago y la carretera pasa a ser la subida a la estación, ya con aspecto real de puerto. Son cinco kilómetros al 6%, más o menos constantes.


Las subidas a estaciones de esquí nunca han sido mi fuerte. La gran mayoría me parecen bastante feas y esta no es diferente pero, aún así, rodar por bosque de nuevo, me resulta muy agradable.


Voy ganando altitud y el bosque desaparece. Las montañas no superan los mil metros y están peladas. Aquí tiene que hacer un frío del copón en los meses de invierno.


La carretera de la estación forma una lazada, diferenciando el tramo de subida del de bajada. A punto de coronar, se vuelven a unir ambos trazados. En julio, a menos de mil metros, y hay neveros en la montaña.


Llego a la estación, en la base del Cairn Gorm, con la misma sensación que en tantas y tantas otras estaciones de esquí desiertas en verano. Los coches que están aparcados son los de los turistas que suben para ver las vistas. Corre aire fresco y no me quedo más que un minuto, lo justo para tener constancia del paisaje escocés de interior.


En la bajada me encuentro con un tipo que baja corriendo mientras voy pensando dónde dormir esta noche. Tenía pensado quedarme en Aviemore pero, como ya he hecho esta subida, creo que seguiré viaje, buscando una temperatura algo más templada al otro lado de las montañas, al abrigo del frío viento del noroeste.


Me adentro en pleno Parque Nacional de Cairgorm, dejando atrás los paisajes marinos para contrastar con estas praderas del interior de Escocia.


Las pequeñas villas costeras dan paso a minúsculos asentamientos ganaderos. Las poblaciones consisten en apenas tres o cuatro casas juntas. Lo más normal es ver una granja solitaria en medio de la llanura.


Se nota mucho que estoy al otro lado de las montañas y que éstas me sirven de abrigo. En apenas unos kilómetros, la sensación térmica es mucho más agradable.


Junto a una vieja cantera, casi llegando a Tomintoul, decido poner fin a este memorable día. Ha dado tanto de sí que estará en el recuerdo por mucho tiempo.

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