La península de Iveragh

La improvisación con el sector matinal me deja en Kenmare con dos opciones: puedo hacer lo que me ha quedado de lo que iba a ser la etapa de hoy o hacer la de mañana íntegra. En principio, la de mañana era más corta para tener luego tiempo para el siguiente desplazamiento pero, con el sector matinal improvisado, la de hoy se ha quedado más corta todavía, así que decido cambiar y me propongo hacer la vuelta a la península de Iveragh.

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La península de Iveragh Kenmare 130 km 1400 m+ IR

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He dejado el coche en el aparcamiento que hay frente a la iglesia de Kenmare. Hay baños públicos y, como hoy dormiré aquí, me vienen muy bien para asearme al terminar y para poder coger agua. No he encontrado fuentes en ninguna parte y tengo uno de los bidones de ocho litros vacío.


Hay tres BIGs en esta ruta circular pero me encuentro con otra subida de salida con la que no contaba: Moll's Gap. Son nueve kilómetros a un tímido 2,5% que, para estos lares, es todo un puerto.


La carretera va subiendo con suavidad y, casi sin darme cuenta, me encuentro en un paisaje sorprendente para estar en un puerto que culmina a poco más de doscientos metros de altitud.


Los tres últimos kilómetros son como una teletransportación a Pirineos. No me imaginaba algo así. La cima del puerto se encuentra en un paso entre montañas tan bruto que no salgo de mi asombro.


Corono Moll's Gap encantado con esta humilde subida. Ante mí se abre un paisaje precioso, con una carretera estrecha y revirada entre las montañas verdes.


Sigo avanzando hasta llegar a una laguna. en la base de una montaña que no llega a los 700 metros de altitud. Llevo once kilómetros magníficos.


Me tocan ahora ocho kilómetros de suave descenso por una carretera mucho más estrecha. Es increíble lo que hace un buen inicio de ruta en la moral. Voy con los ojos abiertos como platos.


Llego a Gearha. No son más que cuatro casas perdidas en la base de estas montañas, a desmano de todo. Otra vez hay que subir a lo largo de nueve kilómetros con ese mismo porcentaje medio del 2,5%.


Pero nada que ver con la subida anterior porque, tras pasar un arroyo, la cosa se pone seria, con 800 metros finales por encima del 14%.


Estos metros finales son espectaculares, uno de los mejores recuerdos que me llevo de estos días por las islas. La carretera se empina y el paisaje embrutece de golpe.


Hay que darlo todo para superar este tramo pero se hace gustosamente. Si tenía muy bajas las expectativas, acaban de superarse ampliamente. Corono Ballaghbeama Gap con la alegría propia de un gran puerto y me encuentro a ¡280 metros!


Para colmo, el puerto tiene cartel, aunque se encuentra tirado en el suelo. Llevo treinta kilómetros solamente pero tengo que provechar este sitio para disfrutar un rato comiendo una barrita sentado en la hierba.


El primer tramo del descenso es tan espectacular como el último de subida, con la estrecha carretera encajonada entre montañas, a modo de desfiladero. Hay un par de ovejas marcadas con pintura que me ayudan a imaginarme en el Arnostegi.


El descenso es corto. Son tan solo seis kilómetros que se me pasan enseguida. No me imaginaba un paisaje así y lo estoy disfrutando como si de un regalo sorpresa de cumpleaños se tratara.


Llego al fondo del valle y hay un cartel de aviso de que viene otro puerto: Ballaghasheen Pass que, con solo 306 metros de altitud, será la Cima Coppi de esta etapa.


Se adivina el collado por el que hay que pasar algo más de seis kilómetros después. De nuevo, una media del 4% engañosa, pues el kilómetro y medio final se maneja entorno al 9%.


En la cima coincido con una pareja que me aplaude al llegar, como dándome ánimos. Los irlandeses con los que me he cruzado suelen saludarme a través de las lunas del coche, algo que me resulta muy agradable.


Ya huelo a mar. Me quedan 25km en línea recta para tocar el océano. En todo este tramo, voy disfrutando de los recuerdos de las tres subidas que acabo de hacer y entretenido con las casas que se gastan por aquí.


Llego a Waterville después de enlazar con la carretera conocida como el Anillo de Kerry, que así se llama el condado en el que me encuentro. Es una carretera que rodea la península de Iveragh por toda la costa y que ya no voy a abandonar hasta llegar a Kenmare.


Hay mucha gente en Waterville. No es la playa de Benidorm pero se respira turismo, con muchas autocaravanas pasando y con algunos caminantes cargados con enormes mochilas.


He superado la mitad del recorrido y aprovecho que hay un par de bancos mirando al mar para hacer un pequeño descanso. Vuelvo a encontrarme sin agua y no hay dónde rellenar el bidón. Menos mal que la temperatura es muy agradable y podré aguantar sin repostar.


Dejo atrás este bonito lugar y empiezo a subir a Coomakesta Pass. Es un puerto de carretera de siete kilómetros al 3% que se mantiene bastante constante en todo su trazado.


Me adelantan varios autobuses turísticos mientras voy disfrutando de las vistas de costa que van quedando detrás.


Corono Coomakesta Pass y veo la razón de tanto autobús. Hay una explanada en la cima con algún puestito y con una estatua junto a la cual la gente se hace fotos y no dejan de llegar abueletes.


Hay una vista preciosa de la ría de Kenmare desde esta posición. Me recuerda mucho a las Rías Baixas gallegas. De hecho, este pueblo tiene mucho en común con el gallego.


Ya tengo hechas todas las subidas puntuables de la jornada y el regreso es pegado a la costa por este Ring of Kerry. Toca disfrutar del paseo. No tengo desplazamiento posterior, así que no hay ninguna prisa.


Van apareciendo pequeñas calas y arenales, con algún camping petado de autocaravanas. Hay gente bañándose, poquitos, pero hay. No sé si serán valientes o no. Me habría gustado probar la temperatura del agua.


Sigo avanzando y siguen apareciendo pequeñas calas. El día invita a estar en la playa. La ruta está resultando preciosa y se me pasan los kilómetros sin darme cuenta.


Antes de llegar a Sneem, hay una pequeña tachuela que sirve para romper un poco la monotonía. Es en este momento cuando llego a los cien kilómetros. Siempre es agradable ver cómo se pasa de dos a tres cifras en el cuentakilómetros.


En Sneem hay aforo completo. Hago un intento de búsqueda de fuente pero ya he captado la indirecta. Si quiero agua tendré que comprarla, cosa que no estoy dispuesto a hacer.


Cruzo el puente sobre el río Sneem y hay una pasarela metálica con la gente haciendo fotos. La vista es curiosa y para allá que voy. En un momento, empiezan a oirse voces un tanto elevadas de tono hasta que reconozco un claro "Esto no tenemos en Málaga". Está claro que no obligan a dejar el amplificador en la aduana. Acaba de llegar un autobús de jubiladas y ya sabemos todos de dónde son.


De nuevo arranco marcando una velocidad crucero como para llegar a Kenmare. Pero la costa es tan atractiva que me despisto demasiado y me entretengo.


La ruta llega a su fin. Llego a Kenmare con tiempo suficiente como para comer tranquilo, asearme y dar un paseo.


Hay mucho movimiento en esta localidad. Me resulta muy entretenido andar por las calles y me recorro Kenmare de cabo a rabo hasta que las nubes tormentosas que se estaban formando a mi llegada deciden empezar a descargar..


Me toca una carrerita hasta el coche para no pillar agua. Tengo suerte y me acomodo justo antes de que suelte con ganas. Me pongo una peli y me echo a dormir. Da gusto acabar y no tener que mover el coche. La ruta de hoy ha sido preciosa y me ha cargado de moral.

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