Wicklow Mountains National Park

Un día antes, me encuentro en los muelles de Liverpool para pasar a Irlanda en ferry. He dormido unas horas, de mala manera, en el asiento del conductor por no andar preparando las cosas detrás. La salida es a las 03:00 de la madrugada y hago fila para embarcar con una hora de antelación. El check-in transcurre con normalidad, me revisan la carga del coche y, cuando van a darme la tarjeta de embarque, me dice la chica de la barrera que tengo que pagar 25€ más por haber modificado la fecha. Le digo que en información me hicieron el cambio asegurándome que a la misma hora era el mismo precio y, poniendo bastante mala cara, me da la tarjeta.

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Wicklow M National Park Blessington 75 km 900 m+ IR

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El ferry nocturno de Liverpool a Dublín tiene incluidos en el precio una cena y un desayuno buffet porque el trayecto dura siete horas y media. En cuanto subimos a bordo, la gente va directa a la barra del restaurante para cenar, aunque sean las tres de la madrugada.


Llevo varios días levantándome a las cinco de la mañana y estos horarios me van a trastocar un poco las rutinas. Pero también llevo ya una semana sin comer nada que no sea de lata y hay que aprovechar la oportunidad, así que me meto un platazo de patatas fritas con una especie de rosbif y salchichas. Lo que peor llevo en estos viajes es la falta de proteínas animales y no puedo perder la oportunidad. La comida inglesa cumple a rajatabla los tópicos y es bastante asquerosa. Se sienta un tipo en mi mesa y lo que lleva en el plato se aleja bastante de la dieta mediterránea.


Al terminar de cenar, nos vamos repartiendo por los diferentes salones. Encuentro uno con sofás perfectos para echarse a dormir. El viaje es largo y no he dormido bien en el asiento del coche. Hay un tipo de la tripulación repartiendo mantitas y almohadas, lo que hará que, para un tipo que viene de dormir en un maletero durante una semana, la improvisada cama sea un lujo que no se puede desaprovechar. Es apoyar la cabeza y me quedo profundamente dormido.


A las siete de la mañana me despierto porque para estas horas ya suelo estar montado en la bici. Todo el mundo sigue durmiendo, con las ventanas con cortinas corridas, así que decido darme una vuelta por el ferry. Me ve el camarero del restaurante y me dice que, aunque aún no están montados los desayunos, si quiero me puedo tomar un café de la máquina. Así lo hago antes de darme un paseo por la cubierta.


El tráfico de ferrys en estas aguas es elevado. Los hay más grandes, más pequeños, rápidos, lentos, ... Llega un momento en el que aparece gente en el restaurante y se abre la barra de desayunos. Me meto uno que no me explico cómo puede caber tanto en el estómago.


Estamos llegando a Dublín y vuelvo a salir a la cubierta hasta que me echan unos tripulantes porque se va a iniciar la maniobra de atraque. Siete horas y media después de salir de Inglaterra, ya estamos en Irlanda.


Entre pitos y flautas, tardamos media hora en salir del ferry. Es muy emocionante entrar en un país nuevo. Este ya es el 13º que piso. Sigo el río Liffey hasta cruzarlo junto al Custom House, uno de los edificios más reconocibles de Dublín.


Tenía planificada la etapa de Dublín saliendo del mismo centro pero es imposible aparcar y tampoco me apetece rodar en bicicleta metido en el tráfico de una capital. Conecto el track del GPS y tiro hacia un punto del mismo que esté ya en las afueras. Dublín lo tengo que cruzar completamente y es muy desesperante perder media mañana en los semáforos.


Al final, casi es mejor seguir en coche. Me meto por una calle siguiendo las indicaciones de la catedral de San Patricio (Saint Patrick's Cathedral) antes de dirigirme a Blessington, improvisado inicio y final de este primer sector irlandés. Antes de llegar, busco una gasolinera porque voy en la reserva desde hace muchos kilómetros. La gasolina está mucho más cara en el Reino Unido y he planificado también este tema para abaratar costes, intentando no gastar nunca en libras que no tengo.


Dejo el coche en el aparcamiento de un Aldi. Así luego aprovecho para comprar algo de fruta, algo que echo mucho en falta en la alimentación. En Irlanda hay euros y puedo pagar en metálico para controlar mejor el gasto.


Salgo muy animado para hacer esta ruta circular. Alejarme del centro de Dublín me ha reducido este sector en 25km, cosa que me va a venir muy bien porque, entre una cosa y otra, es mucho más tarde de lo que pensaba. Las montañas de Wicklow aparecen nubladas al otro lado del lago Blessington.


Wicklow Gap es mi primer objetivo. El puerto se llama igual que estas montañas y que el parque nacional al que dan nombre. Transito por una carretera totalmente desierta y, cuando me paro en un cartel para hacer una foto, un lugareño se me acerca y me da conversación. Esto no me ha pasado en todo el Reino Unido. Llevo un par de horas en Irlanda y ya he tenido más contacto que en casi una semana en Gran Bretaña.


Enlazo con la carretera de Hollywood y empieza la subida. Es un puerto tan suave que no merece la pena repasar sus números. Aún así, me cruzo con un par de coches y me sorprende que me animen con la mano. Estos irlandeses empiezan a caerme simpáticos.


Corono Wicklow Gap entre nubes y con la esperanza de que la cosa mejore porque no ha sido gran cosa.


El descenso me lleva hasta Laragh, donde empieza una de las varias vertientes de Sally Gap, el segundo puerto de este sector.


La carretera no tiene nada que ver. Dejo una vía doble para entrar en una pista estrecha y curveante. Me llaman mucho la atención las señales de tráfico, indicando que son km/h debajo del límite de velocidad. En Irlanda se conduce por la izquierda pero las distancias y límites se encuentran en kilómetros.


De los casi veinte kilómetros de subida, los cinco primeros son inapreciables. Aún así, voy con un plus de curiosidad que hace que esté muy entretenido. Las casas son lo que más me sorprende.


Entre el km.5 y el km.7 es cuando se gana la mayor parte de la altitud, con dos kilómetros que rondarán el 6-7%. Tras una zona de curvas enlazadas, la subida me sorprende con una cascada en las rocas.


No baja demasiada agua pero es la justa para que se oiga y resulte muy tranquilizante. En la parte alta hay gente sacando fotos y dos o tres coches que bajan se paran para poder disfrutar del lugar.


Una vez alcanzada la parte alta, quedan diez kilómetros para subir unos sesenta metros más, lo que indica qué es lo que viene. Se trata de un terreno casi llano, incluso con algún ligero descenso, más propio de una zona de páramos que de montaña.


Tanta distancia sin desniveles reseñables me hace dudar. Como no hay cartel de puerto en el cruce de caminos que creo que es Sally Gap, me espero un rato a que pase un coche para preguntar. Con la confirmación de que este es el punto más alto, desciendo hacia Blessington para cerrar el círculo.


La bajada es tan suave como la subida o más. Son quince kilómetros en los que no hay nada, más que cuatro casas y una iglesia. Por aquí son con torreón.


El sector ha resultado curioso. Los puertos no han sido gran cosa pero el Wicklow Mountains National Park era interesante. Me gusta mucho la bajada de densidad de población de Irlanda con respecto al Reino Unido, lo que se nota en los paisajes, mucho más salvajes. ¡A ver qué me depara esta isla! Antes de seguir viaje, gasto mis primeros euros en comprar fruta. Me muero por morder una manzana.

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