Entre los ríos Lima y Miño

El año se acaba y hay que aprovechar este buen tiempo que disfrutamos. Es de esas veces que tengo muy claras mi preferencias para estos días. Me faltan ocho BIGs de Portugal para acabar con todos los peninsulares. Pasé cerca de todos ellos en mi Vuelta a Portugal de hace unos años pero, como en aquella ocasión iba a hacer CIMAs, ni siquiera me planteé lo otro, ya que lo veía demasiado fuera de mi alcance. Sin embargo, ahora es el momento.

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Entre ríos Lima y Miño Ponte da Barca 110 km 2100 m+ IR

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He dormido en la última gasolinera de Orense, antes de entrar en Portugal por el valle del río Lima. En el país vecino el carburante es mucho más caro que en España y quiero llenar el depósito antes de cruzar la frontera y, como anoche ya estaba cerrada cuando llegué, espero hasta las 07:00 de la mañana. Para las 09:00 (hora española), inicio esta primera etapa en Ponte da Barca.


Dejo la orilla del río Lima con bastante niebla y mucho frío. En  cuanto gano un poco de altitud, camino del pequeño alto de Paço Vielho, la niebla desaparece y el frío también.


Empieza a asomar el sol y lo agradezco muchísimo. La subida no llega a tres kilómetros pero también me viene bien para ir entrando en calor.


Me acerco a la cima de esta modesta tachuela y queda chula la estampa de la niebla, dejando evidente el curso del río. Me alegro de haber dormido en la gasolinera de Fondevila porque, a nivel del río, habría pasado un frío del copón. 


Llevo ya un montón de fotos hechas, como si tuviera mono de estas salidas. Decido tomármelo con más calma y empezar a dar pedales en serio porque, si no es así, me van a dar las mil y los días son demasiado cortos como para entretenerse tanto. La subida a Extremo ya es más seria, con ocho kilómetros al 4% de media.


Con 400 metros de altitud, el mar e nubes sobre el río Lima es mucho más visible y deja una estampa preciosa si se tira de zoom.


Corono el alto de Extremo en una curva y me paro para abrocharme la ropa para el descenso, ya que hace bastante fresco en las zonas de sombra y la bajada hasta el río Miño, salvo algún repecho intermedio, se va a los veinte kilómetros.


La bajada constante se interrumpe en Pias, al llegar a su iglesia con cementerio, desde donde tiro por una pista que va hacia Gondomil que posee esos repechos antes citados.


En medio de ninguna parte, vuelvo a pinchar cuatro días después de la salida por la costa de Bizkaia. No es algo muy normal y reviso bien la rueda para ver qué pasa, descubriendo una raja en el lateral de la cubierta. La cámara tiene una grieta del mismo tamaño, producida por el rozamiento que hay entre ambas. En tan solo cincuenta kilómetros entre las dos salidas, se ha roto, con lo que no tardará mucho en volver a romperse. El neumático no estaba viejo y, por tanto, ¡no tengo uno de repuesto!


Para preservar un poco la cámara, no he metido toda la presión que se debe, dejando la rueda delantera algo floja. Concluyo el descenso en un cruce entre Valença y Monçao.


En Valença do Minho, junto al puente que hay sobre las vías del tren, se inicia la subida al Monte do Faro, el BIG de la jornada.


El inicio de la subida es totalmente urbano pero enseguida se dejan atrás las casas y la carretera se adentra en un bosque bastante pelado.


Los porcentajes se mantienen en torno al 6-7% durante unos cuatro kilómetros, hasta llegar a un área recreativa que hay junto a una especie de ermita.


La carretera se acaba superado el sexto kilómetro, junto a un aparcamiento. Aún queda un kilómetro y medio para coronar junto a las antenas de la cima del monte.


La pista para llegar a las antenas es de pavé, de este típico que hay en Portugal por todas partes y que se hace tan incómodo.


Para dificultar más aún la parte final de la subida, los porcentajes se mantienen siempre por encima del 10%. Hay piedras tan gordas que empiezo a pensar que la bajada puede que la tenga que hacer andando, ya que llevo la rueda delantera algo floja.


Corono este Monte do Faro con la dificultad extra del piso en esta parte y disfruto de las vistas que ofrece del tramo final del río Miño en su búsqueda del océano.


El descenso del Monte do Faro lo hago hacia la localidad de Taiao, dividida entre Taiao de Cima y Taiao do Baixo. Van a ser cuatro kilómetros casi llanos hasta la base del Monte San Silvestre.


Me encuentro a falta de unos cuarenta kilómetros para el final de la etapa, con dos puertos en medio. No pensaba que me iba a salir tanto desnivel acumulado.


Empieza la subida al Monte San Silvestre. Son seis kilómetros al 7% de media pero con varias rampas de doble cifra que se hacen bastante más duras con el fuerte aire en contra que se ha levantado.


La llanura va quedando a la derecha mientras la montaña, con sus aerogeneradores por todo el cordal, se mantiene a la izquierda. Llego a Gondelim y solo me resta la parte de mayor pendiente, con una rampa final de puerto por encima del 15%.


Esta rampa de casi medio kilómetro me exige un gran esfuerzo, no ya por la pendiente, sino por el fuerte viento de cara que sopla desbocado.


Llego a la cima del puerto pero hay una pista que no tenía planeada en el track del GPS y que apunta hacia arriba, hasta llegar a una ermita. Parece asfaltada de hace poco y no puedo dejar de subir hasta el punto más alto.


El giro hace que el fuerte viento de cara me entre de costado, con lo que eso molesta al equilibrio. A falta de unos cien metros para coronar, la pista se vuelve de pavé.


El Monte San Silvestre es de esos sitios que sorprenden, mucho más interesantes que los BIG que tienen al lado. La cima es mucho más bonita que las antenas del Monte do Faro, tiene más altitud y, dependiendo de dónde se tome el punto de partida, unos números mucho más serios.


Dejo el alto enseguida porque el aire es muy molesto y desciendo rápidamente hacia Paredes de Coura. La pista de montaña desemboca en una carretera que dejaré en poco tiempo para seguir por unas secundarias.


En Padornelo empieza la última subida del día: el alto de Vascões. Se trata de una subida de ocho kilómetros pero muy tendidos y suaves.


Lo más destacado de este último puerto es el paso por el Paisaje Protegido de Corno de Bico, un pequeño bosque de robles, abedules, alisos, sauces, ...


Vuelvo a pinchar. Se me acaban las dos cámaras de repuesto que llevaba y el problema es serio. No tengo neumático y tampoco he metido más cámaras en la bolsa de repuestos que llevo en todos los viajes en coche. En cuanto acabe la etapa, encontrar un sitio para comprar cubiertas y cámaras será prioritario. Llamo a casa y le pido a Amaia que me mire si hay un Decathlon en Braga, la ciudad a la que me tengo que desplazar en cuanto acabe.


Estoy a punto de llegar a los cien kilómetros, con un desnivel considerable, y no tengo sensación de cansancio. Me estoy tomando la jornada con mucha calma y el día ha templado tanto que se está muy bien, con una temperatura muy agradable.


El descenso va a terminar el la localidad de Arcos de Valdevez. Apenas he contado con tráfico, en una zona que resulta muy tranquila para andar e bicicleta.


Llego a Arcos de Valdevez y atravieso sus calles en busca de la orilla del río Lima. Es la hora de comer y me encuentro con un pelotón muy numeroso en la terraza de un bar aunque no me he cruzado con ningún ciclista en todo el día.


Ya solo me queda rodar junto al río hasta llegar a Ponte da Barca. El semáforo que hay para cruzar el puente de pavé se encuentra cerrado y montamos un pequeño atasco.


Termino la etapa. Amaia me ha confirmado que hay un Decathlon en Braga y me da la dirección para el GPS, aunque no me hace falta porque me lo encuentro de camino, en plena carretera. Es un sitio perfecto para pasar la noche porque tienen wifi gratis y porque la primera subida de mañana se inicia en esta ciudad.


La jugada me sale muy bien. Llevaba varias visitas a los Decatlon de Bilbao y Barakaldo para comprar las cubiertas Michelin Pro4 Endurance que tanto me gustan y que tienen a un precio sin competencia posible. No las encontraba en negro desde hace meses y por eso no tenía repuestos, pero aquí tienen dos y las cojo con una sonrisa de oreja a oreja. He tenido que venir a Portugal para encontrarlas. También me cojo cuatro packs de cámaras de repuesto y una bombona de gas porque se me había olvidado y la que tengo no creo que me de para el desayuno de mañana. Jugada perfecta: tres pájaros de un tiro.

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2 comentarios :

  1. Un trozo de cámara o de cubierta es una buena solución para tu problema. Yo lo llevo en mi bote de herramientas. Qué suerte con ese Decathlon.
    ¿Cómo es que los Big no son Cimas?

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    Respuestas
    1. Sí, llevo siempre y eso hice en la segunda, cuando me quedaba sin cámaras. La primera no puse por vago, jejeje

      Pues, no me digas pero, desde luego, alguno es más interesante. Aún así, no diré nada. Antes de ir revisé por si había CIMAs nuevos por si me venía bien hacerlos y vi que les habían metido doblada una propuesta de Orense que conozco y que no es más que una vertiente de un cima portugués. Lo comenté y no recibí buena respuesta. Como ya no soy participante, que hagan lo que quieran. Ya acabé en su momento y decidí cambiar de juego.

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