El sur de Bilbao

Hace un par de días que recibí una invitación para participar en la próxima La Picón Castro. El año pasado estuve en Espinosa de los Monteros y compartí con la organización la entrada que hice en el blog, lo cual ha hecho que este año, para mi sorpresa, hayan tenido el detallazo de regalarme la inscripción. Tenía pensado participar esta temporada en varias marchas de montaña que rondan los 40-50km pero, con una nueva incursión en los Alpes en bici como plan principal, no pensaba meterme tanto como los 75km de que va a constar esta edición de la carrera burgalesa, a la que han añadido la subida al Picón Blanco, superando los 4.000m de desnivel positivo acumulado. Como han adelantado casi tres meses la fecha de celebración, yéndose a primeros de junio, no me queda otra que empezar a prepararme.

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El sur de Bilbao Bilbao 24 km 700 m+ IR

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Salgo a las tres de la tarde con la idea de meterme ya un medio maratón, el primero de este año. Me apetece hacerlo íntegramente por asfalto por la comodidad que supone ir con las zapatillas de running pero también quiero meter desnivel, así que tiro para el monte Arraiz improvisando sobre la marcha.


Los dos kilómetros al 12% que hay por la vertiente del Peñascal son verdaderamente duros. Esta vez llevo la música de fondo y me distraigo tanto que se me pasa el dolor de los lumbares en los puntos de mayor pendiente.


Han sido un par de kilómetros de los que pasan factura. Se me acaba el asfalto y decido seguir por la pista que va hacia el Pagasarri. Está en muy buen estado y no importa ir con las zapatillas de running.


Enlazo con la pista del Pagasarri y, en principio, no pensaba subir hasta arriba. Pero me animo y tiro para delante. Me cuesta mucho meterme en faena pero, cuando ya estoy de lleno en el fregado, se me va bastante la olla.


No he llegado en las mejores condiciones que digamos. Hace tiempo que no subo del tirón tanto desnivel, sin parar de correr ni un solo momento. Me ha llamado la atención que no haya casi nadie, salvo un grupo de chavales.


Según iba subiendo, ya tenía decidido bajar por la vertiente de Arrigorriaga para que me salga el kilometraje que tengo en mente. No llevo zapatillas con tacos y eso supone un pequeño problema para la bajada por la pista de gravilla.


Pero apenas resbalo y hasta resulta más cómodo. Lo malo es que llego al asfalto bastante cascado. Llevo quince kilómetros sin comer ni beber y las piernas empiezan a pagarlo.


Terminada la bajada. Ya solo queda remontar la subida a Buiagoiti, rodeando las instalaciones del Consorcio de Aguas. Me empiezan a doler las cachas y me encomiendo al ritmo de Judas Priest para que se me pase rápido.


El medio maratón llega en el parque de La Peña y le pego un sorbo a la fuente que hay junto a la cancha de baloncesto. Las piernas me arden y no veo el momento de llegar a casa.


Regreso por el paseo de Los Caños pidiendo la hora, arrastrándome de mala manera. Las escaleras de casa son una trampa mortal pero... ¡ya está hecho!

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