Entre Uribe Kosta y Busturialdea

La planificación de este año va encaminada a hacer puertos en los Alpes, con lo que eso supone, y me interesa ir recorriendo algunas fases que me han ido muy bien en el pasado. Sin llegar a los máximos de años anteriores, porque ahora mismo no tengo retos extremos en mente, me he fijado unos números que sé que me garantizarán un buen estado de forma para poder disfrutar de los grandes puertos que quiero subir en los próximos meses. La experiencia así me lo dice, así que intentaré acabar este mes de marzo que ahora empieza con alguna ruta por encima de cuatro mil metros. Hoy mismo, aprovechando la tregua que nos da el tiempo en el norte, diseño una ruta de tres mil metros yendo de Bilbao a Bermeo con unos cuantos puertos para ir acercándome a esos números.

XTREM CAT 1 CAT 2 CAT 3 CAT 4


Uribe y Busturialdea Bilbao 120 km 3425 m+ IR

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Salgo de Bilbao casi a las diez de la mañana para no chupar el fresquito, aunque la temperatura matinal es mucho más templada de lo que esperaba. La ruta que he diseñado se queda en 120km y no veo necesario empezar antes.


Empiezo subiendo al Vivero por su vertiente bilbaína, la que nace junto al Ayuntamiento de Bilbao. La avenida de Zumalakarregi tiene bastante tráfico a estas horas pero solo son unos metros antes de desviarme por la basílica de Begoña para seguir por Zabalbide.


En cuanto llego a Artxanda los números de la subida por esta vertiente decrecen mucho, pasando de alguna rampa de doble cifra a cuatro kilómetros que se manejan en torno a un cómodo 3-4%. Tengo la manía de meter este puerto cuando voy a hacer desnivel porque es perfecto para ir calentando.


Corono el punto más alto del Vivero con unas vistas preciosas del Gran Bilbao, con las montañas nevadas en la distancia mientras el sol empieza a pegar sobre la ciudad.


No lo tenía previsto pero me apetece hacer el añadido hasta las antenas del Ganguren. A la vuelta voy a subir por otra vertiente y, aunque solo sea en un paso, me apetece llegar hasta el punto más alto.


Me cruzo con un betetero en la subida, me doy media vuelta nada más llegar y tiro para el área recreativa del Vivero. La vertiente de bajada hacia Lezama suele ser la más fría y me abrocho bien la ropa.


El descenso no es tan fresco como pensaba que iba a ser y llego a Lezama con un sol espléndido. La temperatura es perfecta y me garantiza una jornada muy tranquila.


Urruztimendi se está convirtiendo en un puerto de paso perfecto entre los valles del Txorierri y del Butrón. No hay nada de tráfico y son dos vertientes muy diferentes que últimamente utilizo con frecuencia.


Tras la corta bajada del primer kilómetro me quedan tres más, en los que la carretera se estrecha curveando entre árboles. Un kilómetro central al 10% hace que resulte exigente pero no agobiante.


Me asomo a Mungialdea con Jata y Sollube presidiendo la estampa. El verde de este valle es tremendo. Las lluvias de estos días y el sol en lo alto son una mezcla perfecta para que los matices se intensifiquen.


El descenso de Urruztimendi me deja en Fika. Desde aquí hasta Mungia voy a tener los únicos kilómetros llanos del día. Son seis kilómetros rapidísimos al tener una ligera pendiente en bajada, lo que me hace cruzar las calles de Mungia casi sin darme cuenta.


Salgo por la carretera de Bermeo con la tercera subida del día a la vista. Sollube lo voy a subir dos veces, aunque solamente en la segunda ocasión vaya a ser hasta las antenas.


Estoy llegando a cuarenta kilómetros y se me han pasado volando. Hacer desnivel siempre me ha divertido más que hacer kilómetros.


Corono el puerto de Sollube con muy buenas sensaciones, mucho mejores de lo que esperaba. Empiezo el descenso hacia Bermeo con los ojos puestos en el mar Cantábrico, algo que siempre agrada, y en las nubes que me estropean la foto al robarme la luz.


El descenso del puerto de montaña me deja en el puerto de mar. Antes de subir Sollube me como una barrita y un gel de esos de frutas que parecen mermelada para beber. Últimamente me he aficionado a ellos. Empecé a comprarlos hace un tiempo para suplir la fruta en los viajes largos y están ricos y me sientan muy bien.


La vertiente de Sollube por Almike consta de ocho kilómetros al 8,5% de media. Si restamos el primero por las calles de Bermeo, que ronda el 4%, tenemos que en algún sitio habrá dureza de verdad.


El segundo kilómetro coincide con la iglesia de Santa María de Almike, dando paso al tramo más duro de toda la subida con un kilómetro enterito al 15% de media, todo él muy constante.


Me cuesta hacer las fotos en marcha y más cuando baja un coche al tiempo que voy encuadrando la vista de Bermeo. El conductor me echa un cable apartando el coche hacia un lado y parándose completamente, con lo que puedo mantener el equilibrio sin andar pendiente de él.


El exigente kilómetro da paso a otro mucho más sosegado que me permite relajar la musculatura. Me quedan dos kilómetros para llegar a la altura del puerto de Sollube, aunque sin llegar a pasar por él.


Queda un último esfuerzo por la pista asfaltada que me lleva hasta las antenas. Las sensaciones no pueden ser mejores. Está siendo uno de esos días en los que te encuentras estupendamente pero que no te fías del todo.


Corono Sollube con los dos mil metros de desnivel positivo acumulado en 55km. No corre nada de aire en la cima y se está de maravilla. La semana que viene tenemos planeada una subida corriendo y ya podría hacer un día como éste.


Se está tan bien y las vistas son tan inmensas en un día como el de hoy que me quedo un buen rato disfrutando de ellas antes de bajar por donde he subido hasta llegar al cruce que tira para Busturia.


La pista asfaltada baja hasta topar con la ruta del vino y del pescado, un camino que ya hicimos corriendo hace un par de años.


Llegados a este punto, toca subir de nuevo por una pista cementada en la que la doble cifra hace acto de presencia volviendo a tensar la cosa. El sol calienta justo cuando las rampas se ponen más para arriba y el sofocón que me pego es de campeonato.


Esta pista me deja ver la ría de Urdaibai de forma tímida mientras sigo ganando altitud hasta llegar a coronar Larrago. Quiero subir Paresi y me apetecía más este atajo hacia Busturia que tirar por la carretera de Mundaka.


Empalmo con el barrio de San Cristóbal para dar inicio a la subida al puerto de Paresi. Hace muchísimo tiempo que no vengo por aquí, tanto que ni lo recuerdo.


De este puerto siempre me ha gustado su aroma y esos tres kilómetros al 10% que tensan que da gusto cuando alcanzas ese 17% que se agarra a tope.


Lo que nunca me ha gustado de Paresi es su no-cima. Se alcanza la cota máxima en medio de ninguna parte y no apetece pararse en ella para nada.


Llego a Arrieta y me desvío por Jainko-Oleaga para sufrir ese kilómetro al 11% que me permite enlazar con la subida a Gerekiz sin tener que dar la vuelta casi hasta Mungia. Voy buscando desnivel y aquí lo encuentro enseguida.


Desciendo rápido hasta la carretera de Errigoiti pensando en la fuente que hay en el parque infantil de Olabarri. Llevo el bidón vacío desde hace un buen rato y es la primera que me ha venido a la cabeza.


Subiendo Gerekiz me cruzo con un montón de bicicletas. Es impresionante el número de ciclistas que pasan a diario por este puerto y por Aretxabalagane.


Andan en obras en los arcenes justo antes de llegar al alto y hay un tramo con semáforo para controlar el tema. Me pilla en verde y no tengo que parar, con lo que tiro para Morga de seguido.


Bajadita de descanso y a subir de nuevo hacia Aretxabalagane. Son cuatro kilómetros más para cruzarse con más y más ciclistas.


Paso por Andra Mari y me da por mirar los datos del GPS. Estoy a punto de cumplir los 90km y justo alcanzo los tres mil metros en este momento.


Los tres mil metros eran el objetivo del día y me sobra una subida. Me encuentro estupendamente y hace una tarde tan buena que merece ser aprovechada, así que creo que seguiré con los planes con una última subida hasta el Vivero por su vertiente de El Gallo.


Corono Aretxabalagane junto a otros dos ciclistas que vienen a la contra. La decisión de subir al Vivero está tomada.


Atrás queda Larrabetzu y tres kilómetros llanos que sumar a los seis de hace unas horas. Suelo subir al Ganguren bastante a menudo pero tenía olvidada esta vertiente, y eso que es de las que más me gustan.


La rampa más dura es la primera y eso hace que la cabeza empieza a dar vueltas pensando en qué coño me habrá hecho meterme por aquí cuando solo me quedaban diez kilómetros llanos para llegar a casa y con los deberes ya hechos. Encima me adelanta un tipo a toda leche y me transmite la sensación de que voy clavado. Es curioso cómo trabaja el coco.


Pero empiezo a superar el mal momento y, aunque la pendiente siempre ronda el 6-8%, comienzo a disfrutar la subida. A saber cuándo disfrutaré otra vez de una tarde tan espléndida como ésta.


Cuatro kilómetros y, llegando a la altura del campo de golf, la carretera se aplana como por arte de magia para convertirse en un paseo hasta llegar al área recreativa del Vivero.


Hay una estampa preciosa del Gorbea nevado sobre el campo de golf, perfecta para un folleto publicitario. Me sigo cruzando con ciclistas y, por esta carretera, también con paseantes.


Corono el Vivero y paso de hacer la pista del Ganguren otra vez aunque, viendo los datos que me han salido, bien podría haber redondeado los 3.500 metros de desnivel con ese pequeño extra. Por contra, me dejo caer hasta casa, casi sin dar pedales, siguiendo por la calle Zabalbide, la más larga de Bilbao, yendo desde Artxanda hasta el puente de San Antón.

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2 comentarios :

  1. Jodo, los kms que tendría que hacer yo para sacar ese desnivel en el sur madrileño. Vaya kilometrito, ese de Sollube al 15%.

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    1. Sí, es un kilómetro gracioso. Aquí el problema es hacer llano. El único que hay se lo pillaron los aviones.

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