Bidegorris de la ría de Bilbao

Tengo planeada una buena ruta para este domingo y, con ese objetivo a la vista, sigo haciendo salidas de bicicleta. Como solo quedan dos días, no me interesa meter mucha dureza y decido seguir el curso de la ría de Bilbao por los bidegorris, llegando a las playas de Ereaga y Muskiz porque ha quedado una tarde estupenda.

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Bidegorris ría de Bilbao Bilbao 72 km 820 m+ IR

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Inicio el bidegorri del Campo Volantín por la margen derecha de la ría. Este carril llega hasta San Ignacio pero, como es urbano y no para de pasar gente andando, corriendo o tocando los huevos, acabo yendo por la carretera. Soy tremendamente contrario a los bidegorris urbanos y los borraba del mapa de un plumazo.


Llego a Elorrieta y salgo de Bilbao, entrando en el municipio de Erandio. Esta zona despejada me recuerda que viene aire de cara, bastante fuerte en algunos momentos.


Esta primera parte de la ruta concluye en el puerto de Algorta, en una tarde soleada que invita a quedarse quieto absorbiendo vitamina D a saco. Enfrente tengo el Serantes y hay algo que me llama, así que decido cruzar la ría y acercarme a Santurtzi.


Regreso sobre mis pasos por la playa de Ereaga, siguiendo el bidegorri que cruza Las Arenas. Sigo sin entender cómo, teniendo una acera de cinco metros de ancho, sigue habiendo tolais que corren por el carril para las bicicletas. Dan ganas de pasarles por encima.


El bidegorri termina junto al Puente Colgante. Espero a que se llene la barcaza con los seis coches que caben y me meto junto a otro ciclista y un chico con un perro.


La última vez me cobraron 0,55€ pero ya ha subido a 0,70€. No recuerdo cuánto hace que no paso el Puente de Bizkaia con bici pero me parece demasiada subida porcentual.


En nada me encuentro subiendo al Serantes. La primera rampa es urbana y cruzando un montón de calles. Desde que cambiaron el sentido del tráfico de una de ellas me resulta un poco lioso empezar a subir.


Empiezo a subir junto a un betetero que enseguida se queda detrás, con unas vistas enormes sobre el Puerto de Bilbao que cada vez le gana más terreno al mar. No sé si será una cosa mía pero, cada vez que subo, me parece que el puerto ha crecido.


Los números de la ascensión al Serantes se manejan siempre en un cómodo 6%. La última subida que hice fue corriendo y en bicicleta no tiene nada que ver.


Como la salida va a ser corta, decido hacerla apretando un poco más de lo normal. Me cruzo con alguna gente que va andando y, entre saludo y saludo, se me pasa de forma muy amena.


Por fin, llego al último kilómetro. Las ruinas de las fortificaciones se han quedado a medio rehabilitar por falta de fondos y no se sabe cuándo se retomarán las obras. 


El giro hacia la derecha me presenta el tramo más duro de la subida, con una pendiente de doble cifra que se mantiene durante unos cientos de metros.


A falta de una curva, el asfalto termina y la pista pasa a ser de gravilla, con lo que dejo de subir y me quedo sentado en la valla de madera que hay a modo de quitamiedos. El aire no es muy fuerte y da gusto estar al sol.


En el descenso, me encuentro con las vacas que estaban pastando y las tengo que ir esquivando mientras me miran con esa cara de pensar qué ganas tendrá este tío de andar sudando con lo bien que se estaría ahí tumbado a la bartola.


Terminado el descenso, llego a Zierbena. Me iba a volver a casa desde el Serantes pero se está tan bien que decido estirar un poco más la tarde regresando por el bidegorri de Muskiz.


Doy inicio a la ascensión al barrio de La Cuesta desde El Puerto y me pasa un ciclista, como un avión, que casi ni lo veo. Apenas son dos kilómetros de subida a un suave 4% pero empiezo a achicharrarme de calor.


Desde el barrio de La Cuesta toca bajada rápida hasta la playa de La Arena. El aparcamiento está repleto pero no hay gente en la playa.


Decido regresar a Bilbao por el bidegorri de la margen izquierda de la ría. No está completo pero hace tanto tiempo que no lo recorro que, a veces, te llevas una grata sorpresa.


A diferencia de lo que pienso de los bidegorris urbanos, estos carriles interurbanos me parecen impresionantes. Este está en un estado impecable, con vía adicional para peatones que permite rodar a gran velocidad sin tener que ir por la N-634 o cruzando todos los municipios de la ribera.


Además, tener un pequeño puerto, como la subida a Ortuella, lo hace muy interesante. Tanto es así que me encuentro a muchísimos ciclistas tanto en un sentido como en el otro.


De Ortuella a Portugalete hay bajada y, con el aire favorable, llego enseguida. Tan solo hago una pequeña parada en la fuente del área recreativa que hay en medio.


Esta segunda parte del bidegorri ya no es tan chula, ya que se va hasta Barakaldo por el lateral de la autovía del Cantábrico y las vistas pierden muchísimo. Cómo será que hasta el bidegorri pierde el color.


Cuesta un buen rato cruzar el semáforo que hay antes de entrar en Galindo y, tras cruzar un puente, seguir el curso del río hasta su desembocadura en la ría de Bilbao.


A partir de aquí, se acabó lo bueno. La zona de los muelles todavía está a medio urbanizar y hay que cruzar todo Barakaldo hasta llegar a Zorroza.


Lo más fácil era meterse por la carretera pero ya sigo hasta el final, mezclado con la gente que va paseando y con mucho cuidado, a muy baja velocidad, como un paseante más.


En Zorroza retomo el bidegorri del paseo de Olabeaga (no sé que ha pasado con la foto) y llego a Uribitarte siguiendo el carril hasta su finalización en Pío Baroja. Son un par de kilómetros llenos de obstáculos, lo cual hace que acabe siendo más seguro ir por la carretera.


Al final se me ha ido un poco de madre la salida. Iba para dos horas y han terminado siendo casi cuatro. La tarde es tan agradable que daba pena desaprovecharla.

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