La vuelta de Solares

Pensaba dejar aparcada la bici hasta después de La Picón Castro de este próximo sábado pero me acaban de dar el POLAR V800 que había dejado en el SAT y quiero probarlo bien para certificar que es un reloj nuevo, así que me propongo hacer una ruta de doscientos kilómetros para estirar la batería y ver cuánto dura. No tengo nada pensado y escojo recorrido en función de lo que dice la previsión meteorológica de hoy. Como solo dan bueno en Cantabria, para allá que me voy.

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La vuelta de Solares Bilbao 200 km 2650 m+ IR

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Salgo a las ocho y media de la mañana con un cielo encapotado sobre Bilbao que vaticina una buena tormenta. La temperatura, al igual que todo este mes de mayo, sigue siendo muy agradable.


La primera parte de la ruta transcurre sin demasiada historia. Me acerco a Zorroza por el bidegorri de la ría y luego sigo la N634 hasta llegar a Muskiz, donde me desvío hacia Sopuerta. Es domingo y apenas hay tráfico.


Solamente he tenido que subir el alto de Las Carreras al llegar a Ortuella y algún que otro repecho. Una vez en Artzentales, me encuentro con la subida a El Peso y con un montón de ciclistas en uno y otro sentido.


Termino de subir El Peso con uno de esos ciclistas y, al llegar al valle de Villaverde, me quedo solo para subir La Escrita pero con un numeroso grupo de ciclistas por delante.


Llevar muchos ciclistas por delante hace que, sin querer, te vayas acercando a ellos a medida que se van quedando rezagados de su grupo. 


La Escrita por esta vertiente cántabra es de los puertos más constantes que conozco, siempre al 4.5%. Me voy acercando a otro grupo y, a falta de un par de kilómetros para coronar, me uno a ellos.


Corono La Escrita acompañado por este grupillo y me vuelvo a quedar solo porque se dan media vuelta en la misma línea de cambio provincial. Llevo cincuenta kilómetros y es buen momento para comer una barrita antes de dejarme caer hacia Carranza.


Llevo toda la mañana con aire contrario y en esta parte se hace más notorio este hecho. El camino que lleva a Gibaja apunta hacia el oeste y el viento sopla de esa dirección y, al estar bien dirigido en este valle, me da completamente de cara.


Durante cuatro kilómetros, circulo por la nacional de Burgos, hasta llegar a Ramales de la Victoria, donde me desvío hacia Arredondo. La mañana se mantenía nublada hasta este punto pero empieza a despejar bastante y el sol hace acto de presencia.


Ya se acerca el mediodía y empieza a hacer bastante calor. El valle del Asón en este ramo también hace de corredor del aire del oeste y me sigue entrando en contra con bastante fuerza.


Llego a Arredondo con ochenta kilómetros y con el trayecto que tenía seguro. A partir de aquí, hay dos opciones, ambas de doscientos kilómetros pero muy diferentes. La primera, con el Portillo de Lunada como objetivo con el Collado Espina de aperitivo; la segunda, con el alto de Alisas y todas las tachuelas de la costa. Ambas tienen más o menos el mismo desnivel pero concentrado la primera y muy disperso la segunda.


Relleno el bidón en la fuente que hay junto a la iglesia, con las campanas tocando a todo tren porque hay comuniones. Aprovecho para comer una chocolatina y una mermelada de esas de beber mientras llamo a casa para entretenerme un rato. Es cuando Amaia me dice que en Bilbao ha caído un tormentón exagerado durante un rato. Miro para las montañas y está muy cubierto. Miro para la costa y no se ve una nube. La decisión está tomada: me voy hasta Solares.


Empiezo a subir Alisas y la ganancia de altitud me va dejando una perspectiva mucho más clara de lo que hay en las montañas del macizo de Lunada y Valnera. Creo que he acertado al optar por la ruta de la costa porque se está poniendo muy feo por allí.


Hacía mucho tiempo que no subía este puerto y eso que me encanta. Me he centrado tanto en hacer CIMAs y ahora BIGs que los puertos de cerca de casa los tengo muy abandonados.


Llego a la zona de las dos herraduras y el contraste es bestial. Orientado hacia el sur hay muchos nubarrones y hacia el norte, sin embargo, no se divisa una nube.


Me estoy acercando a la cima de Alisas y el cambio de vertiente es anticipado por un fuerte viento de cara. A falta de dos kilómetros me adelanta un ciclista y me pregunta si todavía queda mucho. De los nueve kilómetros al 6% que tiene esta vertiente, todavía nos quedan casi dos para coronar.


Corono el alto de Alisas y me acerco al pequeño mirador que hay en la cima para disfrutar de las enormes vistas que posee este puerto. El ciclista que me acaba de adelantar tiene el coche aparcado ahí mismo junto a otros dos de gente que también está haciendo fotos.


Inicio la bajada con el viento de cara, esperando a llegar a Solares para que me pille a favor. La ausencia de nubes hace que el sol empiece a picar, llegando en el fondo del valle casi a los 30ºC.


Llego a Solares bastante asfixiado por el calor y, como ya me ha pasado bastantes veces en rutas parecidas, ya sé a dónde tengo que ir: a una tiendita en la que venden flashes.


No hay nada como un flash congelado para refrescarse del tórrido calor. Me cojo dos y me siento en un banco del parque, a la sombra de un árbol. Creo que es la primera ruta ciclista del año en la que estoy pasando un calor del copón. Además, pensaba que iba a hacer peor día, he salido con el maillot de manga larga y me voy cociendo.


La ruta de la costa de Cantabria está plagada de pequeños puertos. El primero que me encuentro es el alto de Jesús del Monte, una ermita que se encuentra en la cumbre de una subida de solo kilómetro y medio a un suave 4%.


Voy pasando por Beranga, Gama, Cícero, Treto, ... El calor empieza a ser bastante agobiante en estas horas centrales del día.


Antes de llegar a Colindres, me encuentro con el puente cortado por obras. Había visto una señal de desvío por la A-8 pero no he hecho mucho caso pensando que se podría pasar en bicicleta ... pero no. Es imposible.


Solamente tengo la opción de ir hasta Carasa para cruzar por allí la ría pero eso me obliga a seguir hacia Limpias y Ampuero, dando un rodeo del copón. Como no me apetece nada meterme esos kilómetros extras, decido tirar a la brava por el arcén de la autopista.


Tan solo me pita un coche en el corto trayecto que hay hasta la salida de Colindres. Lo peor del arcén de la autopista no es el peligro con el tráfico, prácticamente inexistente, sino la cantidad de mierda que te encuentras: tornillos, cristales, chapas, ... Me doy prisa y enseguida estoy en Laredo.


El paso por Laredo es bastante frustrante porque no encuentro nada abierto y tenía ganas de comerme un helado o algo parecido. Empiezo a ir bastante tostado y me cuesta mucho encarar las duras rampas iniciales de la subida a Las Cárcobas.


El mirador de Laredo es un magnífico motivo para retomar el aliento tras la rampa de doble cifra de esta subida. No me esperaba pasar tanto calor y empiezo a acusarlo mucho.


Desciendo hasta Mollaneda y, antes de empezar a subir al alto de Candinas (también llamado Fermedal) me paro en la estupenda fuente que hay justo antes de empezar a subir. Intento comer algo pero no me entra nada. Aún así, hago el esfuerzo y me como una barrita y un trozo de almendras con miel y azúcar que están de vicio.


Hago los dos kilómetros y medio de esta corta subida dando bastante pena. Cómo será que me cruzo con dos peregrinos y, en vez de darles ánimos, me los dan ellos a mí.


Llego a Islares y el viento favorable empieza a ser variable. ¡Lo que faltaba! Las banderas que hay en la playa empiezan a volar sin ton ni son.


El pequeño repecho de Islares me parece un Hors Catégorie de la empanada que llevo ya. En Castro Urdiales no tengo dudas y me voy directo a otra tienda de chuches para comprar otro par de flashes.


Mientras estoy dándole al hielo, sentado en un banco del paseo del puerto, empieza a bajar la temperatura de golpe y veo cómo entran unas nubes negras sobre el Gran Bilbao. De casi 30ºC, en apenas unos minutos, pasamos a solo 16ºC y empiezo a quedarme frío. Esto tiene una pinta de galerna de manual.


La subida a Saltacaballo va de menos a más. Son solamente dos kilómetros y medio que me cuesta como si fuera un puerto alpino. Sin duda alguna, me encuentro ante la caraja de la temporada. Por lo visto, siempre tiene que haber una.


Corono Saltacaballo con una ligera tiritona y luego viene la subida a La Rigada, en la que doy toda la pena que se puede dar. Me cruzo con otro peregrino del Camino de Santiago del Norte y ni me da pena.


Bajo hasta Muskiz y ya solo me quedan veinte kilómetros volviendo por el mismo camino de esta mañana, con la única dificultad de la subida a Las Carreras y dos repechos más llegando a la recta de Ugarte, Voy completamente zombi y, entre alguna que otra gota, solo me apetece llegar a casa. Justo cuando lo hago, salvado por la campana, se pone a diluviar.

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2 comentarios :

  1. Jajajajaja, hasta los peregrinos te animaban, vaya tostada agarraste. Siempre hay algo de épica en tus salidas. Pues anda que si te metes por Collao Espina y Lunada...

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    1. Si descartamos la variable de la meteorología, si hubiera ido por ahí, aunque parezca lo contrario, habría sido más fácil, Gorgonio. Ya he hecho los dos recorridos varias veces y es así. Por Lunada serían 90km de descenso muy fácil. La costa tiene el mismo desnivel pero a base de pequeños toboganes. Acabas reventado.

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