Una Luchon-Bayonne a mi bola

Justo ahora mismo hace un mes de la Luchon-Bayonne, una marcha que une las dos localidades francesas a través de los cols más representativos de los Pirineos: Peyresourde, Aspin, Tourmalet y Aubisque, con una ruta de algo más de trescientos kilómetros. Me quedé un tanto disgustado porque la inscripción se cerró en el preciso instante de pagar los 19€ que costaba, cuando media hora antes no le había dado a pagar en la pasarela de pago por entretenerme con otra cosa. Pero a todo hay que buscarle el lado bueno y, haciéndola a mi puta bola, puedo elegir fecha y adaptar el recorrido para salir de Hendaya en ruta circular, ahorrándome la pasta y garantizándome un tiempo ideal para una cabalgada de 600km.

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Luchon-Bayona a mi bola Hendaya 604 km 6700 m+ IR

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Llego a Hendaia a las doce de la noche y coloco el coche en el aparcamiento gratuito que hay junto al cementerio, a orillas del Bidasoa. La idea es salir por la mañana para hacer solo una noche de pedaleo y decido dormir aquí para no tener que madrugar en Bilbao.


Quiero dormir unas buenas horas para no pagarlo por la noche y no pongo el despertador hasta las 08:00. Desayuno con fundamento y me preparo. La bici ya está a punto de casa con el bote de herramientas completo de repuestos y solo me tengo que vestir de corto, anudar los manguitos a cada lado del manillar, anudar unas mallas piratas a los hierros del sillín y ponerme la mochila de tela que voy a llevar con un saco ligero de 600gr, la almohadilla hinchable, el chubasquero de membrana, muchas pilas de repuesto y como veinte o treinta barritas, geles, gominolas, barras de turrón, ...


Salgo a las 09:30 rumbo a Baiona. Ya que la localidad costera es punto importante de la marcha, habrá que pasar por ella. Elijo la Route de la Corniche porque de vuelta haré el alto de Urruña y así no paso dos veces por el mismo sitio.


Llego a Donibane Lohizune (San Juan de Luz) mezclado con varios ciclistas y dejo la tranquilidad de la ruta de los acantilados para meterme en el caos de tráfico que supone el trayecto que va hasta Baiona. Siempre que voy a Francia, estos veinte kilómetros me desesperan.


En Baiona tengo la primera parada programada. Le he perdido el respeto a las etapas que van hasta los 200km y ya no soy tan metódico como antes, cuando le daba más al tema brevetero. Pero esta vez, ante una distancia de 600km, pienso parar a comer algo cada 30-40km, coincidiendo con las localidades de paso más importantes que, curiosamente, se encuentran siempre en ese margen de distancia.


Cruzo la zona amurallada de la ciudad y me siento en un banco junto al río, donde doy buena cuenta de un primer bocado. La temperatura es muy agradable. Hace calor pero nada exagerado, ideal para dar pedales sin sentirte agobiado.


Me toca remontar el Adur en un recorrido paralelo al río que ya he hecho en varias ocasiones y que me conozco de memoria. Tal es así que llevo el GPS de Garmin apagado para ahorrar pilas ante la falta de necesidad de visualizar los mapas. Si todo va bien, no creo que lo tenga que encender hasta Tarbes. Me basta con llevar el V800 en modo ahorro para grabar el track y obtener los datos de la ruta y los físicos de la actividad.


Por esta carretera nunca pasa nadie y es una delicia para andar en bici. Coincido con varios cicloturistas de alforjas, cargados como mulas, que vienen en sentido contrario.


Llego a Peyrehorade en el km.70 preparado para una nueva parada de avituallamiento, sentado en un banco bajo un árbol a la orilla del río.


A partir de aquí, la carretera cambia de margen y sigo remontando el río por la orilla derecha, ganando altitud muy ligeramente. Apenas hay dificultad, salvo una ligera brisa en contra que hasta se agradece porque ayuda a rebajar el calor.


Llego a Orthez para completar los primeros cien kilómetros del recorrido con una parada programada en los baños públicos que hay en la plaza del ayuntamiento. Conozco bastante bien los sitios por los que voy a pasar y tengo programado hasta dónde voy a coger agua. Cada dos bidones hago uno de té al limón gracias a unos sobres que hay en el Mercadona que solo pesan 3gr y que se disuelven en el bidón. Llevo varios en el bolsillo y así puedo cambiar el sabor del agua que termina siendo muy monótona.


Tras la parada, cruzo Orthez para seguir camino hacia Pau. La distancia entre localidades se sigue manteniendo en esa franja de 30-40km que me resulta cómoda para descansar el culo, las piernas, los hombros ... y todo lo que se acaba cargando en la ultradistancia. Sobre todo, la cabeza. Esos diez minutos de desconexión me parecen importantísimos. No soy amigo de grandes paradas pero sí de hacer pausas pequeñas cada poco tiempo.


Todo este tramo de carretera está plagado de grandes rectas muy aburridas, sin grandes cosas que llevarse a los ojos. Menos mal que llevo una velocidad de crucero muy maja que me permite pensar en minietapas de 30-40km con muy poco desgaste mental porque enseguida se cumplen los objetivos parciales.


Entrando en Pau, a punto de cumplir el km.140, me encuentro con un McDonald's y decido pedir un Sundae de chocolate con cacahuetes de esos que tienen. Así descanso cómodamente sentado en una mesa y me refresco con el helado.


Antes de ponerme en marcha de nuevo, entro para pedir unos hielos y no sé qué francés tengo que me llenan el bidón con té helado, sin cobrarme nada. Tampoco me importa porque la idea era llevar bebida fría y el té me vale.


Cruzo Pau y sigo el camino hacia Tarbes en el momento más caluroso de toda la ruta, algo que consigue hacerme mella. Estoy llegando a la mitad de la primera parte y todavía queda todo muy lejos, lo que hace que la cabeza trabaje más de lo debido.


Encuentro una fuente en Soumoulou (km.160) que me viene de cine para partir en dos este tramo. Una furgoneta con matrícula española esta parada junto a ella y una mujer (parece que boliviana) llena un par de enormes bidones mientras su pareja espera. Aprovecho para entablar una breve conversación y distraerme un poco, al tiempo que me refresco bien y me lavo el sudor a conciencia.


Me vuelvo a poner en marcha con solo veinte kilómetros para llegar a Tarbes, algo que se hace casi sin darte cuenta a pesar de que la carretera vaya ganando altitud desde que saliera de Orthez.


A siete kilómetros de Tarbes, me pasa una cosa muy extraña. El Polar V800 pierde la señal del GPS y no la volverá a encontrar hasta pasados catorce kilómetros. Hay un momento en el que pienso que se ha averiado y estoy a punto de reiniciarlo, cosa que no hago por no perder la ruta grabada.


Dejo atrás los Pirineos Atlánticos y entro en los Altos Pirineos antes de llegar a Tarbes. Cruzo la localidad y, como he parado en Soumoulou, se me olvida que la parada debería ser aquí.


Al salir de Tarbes soy consciente de que se me ha olvidado parar para comer algo y, ante la proximidad de Tournay, decido estirar un poco la parada. He cogido agua en una fuente del parque y me llega. Llevo unas gominolas y aprovecho para chupar en marcha.


En Tournay, se cumple el km.200 y toca parar. Lo hago en una campa, bajo la sombra de un árbol. Las paradas centenarias son un poco más largas y estoy algo más de un cuarto de hora soltando piernas y descansando el culo.


Arranco de nuevo con el GPS encendido porque desde aquí hasta Luchon me va a hacer falta en los cruces y rotondas y, como voy hacia el este, el sol empieza a caer sobre mi espalda. Apenas he subido nada en todo lo que llevo y me espera la primera subida, hasta llegar a Avezac.


Son quince kilómetros a un suave 2,5% para ascender cuatrocientos metros de desnivel. Apenas hay rampas reseñables y no me cuesta mucho ir haciendo camino.


La carretera por la que voy apenas lleva coches, flanqueada por la A64 y por la vía del tren. El día se está nublando bastante y, cuando miro hacia las montañas de la derecha, se ven los Pirineos algo cubiertos.


Paso por Capvern (km.210) y corono el alto de Avezac en el km.215, ya con poca luz. Hace rato que he encendido los pilotos traseros para que me vean los coches que vengan por detrás y las fotos empiezan a salir muy desenfocadas.


Circunvalo Lannemezan en el km.220 y la luz cae de golpe poco después. En un momento, no se ve nada. Decido no parar mientras no me entre modorra y no lo hago hasta llegar a Montréjeau (km.235) por comer algo, no por sueño, aunque procuro cerrar los ojos por diez minutos para descansar la vista nocturna. Me quedan cuarenta kilómetros para llegar a Luchon y los hago casi en solitario porque no pasan coches. A Luchon (km.275) llego a la 01:20 sin terminar de meterme en la localidad, con la intención de subir el Peyresourde del tirón y descansar ya en Arreau (km.300), punto intermedio del recorrido, pero me cuesta mucho subir sin cerrar los ojos y tengo que parar en una de las fuentes de Saint Aventin para refrescarme la cara. Hace calor y voy un tanto turrado hasta que llego al alto con algo de niebla. La bajada la hago con sumo cuidado porque noto que ya no controlo demasiado, llegando a Arreau antes de las 04:00.


Me meto a dormir un rato en las escaleras del ayuntamiento de Arreau, que quedan a cubierto y escondidas de la gente para quedarme tranquilo con la bici. Hace buena temperatura pero aprovecho que llevo el saco para meterme en él y así no desvelarme con la bajada de temperatura que suele haber con el amanecer. Hincho la almohadilla para la cabeza y pongo el despertador del móvil para las 06:00 con la esperanza de dormir dos horas del tirón.


Para las 06:05 ya estoy en marcha de nuevo, completamente a oscuras en las primeras rampas del Aspin. Tenía un Colacao Energy para desayunar y me he comido cuatro barritas de cereales. En cuanto empieza a amanecer a media subida, la niebla no me deja ver más allá de diez metros y llevo los pelos de los brazos y las piernas llenos de rocío.


A falta de tres kilómetros para coronar, a las 07:15, llamo a casa antes de que Amaia salga a correr. Tengo el GO Europe contratado y puedo hablar sesenta minutos al día por un euro. Como solo me quedaba un euro de saldo, ayer no hablé nada y hoy iré distribuyendo esa hora para distraerme en algunas paradas.


Me preocupaba la niebla del Aspin pero corono despejado, aunque muy nublado. La niebla es algo que no soporto porque todo deja de tener sentido. Si no veo dónde piso, no me interesa. Por el valle de Campan no pinta nada bien.


Paso por La Payolle y la cosa cambia completamente. El cielo azul empieza a asomar y me entra un alegrón tremendo porque ya empezaba a dudar y a pensar en ir por Bagnères de Bigorre. Me detengo en la fuente de Sainte Marie de Campan y entro en el supermercado de la plazoleta para comprar dos croisants y un brick de zumo para completar el desayuno. Mientras zampo sentado en un muro, van pasando ciclistas y ciclistas. El Tourmalet es el Tourmalet.


Parece que llevo bien el tema de haber dormido solo dos horas y empiezo a subir muy despejado. Me pasan dos grupos de ciclistas que suben a un ritmo muy elevado y voy dando alcance a un par de ellos que lo hacen con más calma.


Van pasando los primeros kilómetros de subida y noto que subo con soltura para llevar más de 330km en las piernas. El Tourmalet es el puerto que más veces he subido (Argalario aparte) y me conozco hasta las alcantarillas.


Llego a la segunda mitad de la subida, donde los porcentajes ya rondan siempre la doble cifra. Las nubes se han ido abriendo y parece que el alto también estará despejado.


A falta de cinco kilómetros, con La Mongie a la vista, empiezan a cruzarse un montón de ciclistas que vienen de la otra vertiente o que ya bajan de subir por ésta. Es una romería de ciclistas y eso hace que se me pase enseguida.


El paso por La Mongie es lo más duro pero mirar para todas partes hace que sea más llevadero. Echo un trago al bidón y veo que es el último, cosa que no me importa mucho porque no creo que me haga falta más. Voy bien hidratado, no hace excesivo calor y la cima está ahí mismo.


Recuerdos, recuerdos y más recuerdos. Los tres últimos kilómetros son un repaso al disco duro porque en estas rampas he vivido algunas de las experiencias más grandiosas que me ha proporcionado esta afición de subir puertos de montaña.


Apenas quedan unas cuantas curvas cuando adelanto a una pareja de viejillos de no menos de setenta años tirando de alforjas. La mujer me saluda con una sonrisa cómplice antes de apearse de la bici porque la rampa excede el 10%.


Poco después, a falta de dos kilómetros, me encuentro con el de las fotos online y cruzamos disparos. Según el reloj de su web, son las 10:53.

Foto de Phototourmalet.com
Foto de Phototourmalet.com
Foto de Phototourmalet.com
Foto de Phototourmalet.com

Ya solo queda encarar los últimos metros de subida disfrutando de las vistas y del ambiente. Como siempre, hay un montón de gente y son muchos los que te dan un grito de ánimo.


Corono el Tourmalet por enésima vez y me quedo un buen rato disfrutando del ambiente. Es imposible sacar una foto limpia del cartel y me veo obligado, como casi siempre, a elevar la cámara para que nadie aparezca en el encuadre de Octave Lapize.


Empiezo a bajar por la vertiente de Barèges y, a la que llevo dos kilómetros, se me empiezan a cerrar los ojos. La relajación del descenso me pasa factura en esta especie de Jet-Lag que se produce por la mañana.


Paro en SuperBarèges y llamo a casa para no dormirme. Son diez minutos que me vienen de maravilla antes de dejarme caer hasta Luz Saint Sauveur. Este es un punto estratégico de la ruta porque hay un Carrefour en el que voy a parar a comprar comida. Me cojo un par de sandwiches preparados, un par de plátanos y una lata de Fanta para dejar de comer barritas. Relleno el bidón en los baños públicos y me aseo bien antes de salir rumbo a Argelès-Gazost.


Descendiendo por el desfiladero me sopla un aire contrario muy molesto, mientras me adelanta un pelotón muy numeroso. Me he espabilado un poco pero no termino de despertar del todo.


Al llegar a Argelès, decido no hacer el Aubisque. Llevo 385km y no me apetece lo más mínimo subirlo. Lo hice corriendo hace unas semanas y lo tengo demasiado reciente. Bueno, es una excusa que me busco porque he petado varias veces en las duras rampas del Soulor y las nubes que hay por la zona no me presagian nada bueno. Prefiero rodar por los claros que hay rodeando por Lourdes. Hacer las cosas a tu puta bola tiene que tener algunas ventajas.


Sigo hacia Lourdes por la carretera paralela a la autovía. El aire contrario deja de ser molesto en cuanto se abre el valle, mostrando que viene del este y que lo tendré a favor en el regreso al Atlántico.


Llego a Lourdes casi en el km.400 y me tomo un nuevo respiro para comer algo. Sentado en un banco, frente al castillo de Lourdes, me doy cuenta de que no lo he subido nunca. Esta vez ya no, pero para otra tendré que hacerlo.


El giro de Lourdes me pone con una ligera brisa favorable, lo que hace que la velocidad de crucero suba sin querer. El día se empieza a nublar por completo y me alegro de no haber ido por el Aubisque al ver lo cerrado que está por la zona de Ferrières.


Tenía pensado parar en Bétharram para refrescarme en las pozas heladas del río pero no hace falta. La temperatura ha bajado algo y es muy suave, se está bien, algo que me viene de cine para rodar. A cambio, me paro en la fuente que hay en el centro para rellenar el bidón y me como las cinco gominolas con cafeína que vienen en una bolsita que compré en el Forum. Las gominolas me hacen efecto de inmediato y me ponen los ojos como platos. Justo en ese momento, paran unos gendarmes y detienen a una chica que va en moto. Mientras le piden los papeles delante de mí, aprovecho para untarme el culo con Nivea, gracias a una pequeña lata que llevo en el bote de herramientas para estas largas distancias. Cada 200km me pringo bien para no tener molestias y se me había olvidado en Lourdes.


Llevo 415km y Oloron es la próxima minietapa del camino. Van a ser cuarenta kilómetros que ya conozco en parte de una ruta que hice hace unos meses por estas carreteras.


La zona del Aubisque cada vez está más cubierta. Para no ir hacia Laruns, opto por una carretera secundaria que aparece en el GPS y que no sé por dónde me lleva. Es lo más directo que se ve pero me encuentro con un montón de rampas hasta llegar a Sainte Colome.


Las rampas de doble cifra se suceden por estas pistas más propias de Iparralde. Afortunadamente, son cortas y seguidas de buenos descansos.


Me alegro de haber escogido este rodeo, gracias al cual estoy descubriendo nuevos parajes. Los olores de las granjas son muy fuertes pero se ven compensados por el aroma de las flores y plantas.


El descenso de Sainte Colome me lleva por pequeñas poblaciones, pasando por Meyracq, Bescat, ... Parece que se ha nublado definitivamente, algo que no me importa lo más mínimo.


Empalmo con la N134 y el tráfico se hace presente, con demasiados camiones para un arcén estrecho. Me quedan siete kilómetros para llegar a Oloron y los hago muy rápido con la brisa favorable y por buena carretera. Me hace mucha gracia un letrero en el que pone Huesca y Zaragoza. No me imagino en Barbastro otro similar en el que ponga Toulouse y Auch.


Llego a Oloron con unas nubes bastante feas pero con muchos claros hacia donde me dirijo. Estoy en el km.455 y toca nueva parada de avituallamiento con llamada a casa. En la rotonda de bifurcación de Arette y Mauléon hay un bar y me tomo una cocacola que me aporte cafeína y azúcar al mismo tiempo. Ya no tengo sueño pero no me quiero confiar.


El camarero del bar habla un perfecto español y me aconseja tirar por la carretera de Arette porque, aunque se haga algún kilómetro más, es más llano que ir directo a Mauléon. La ruta original va por ahí, así que no me supone ningún cambio. Me rellena el bidón con agua helada y la siguiente parada la programo en Tardets, que no llega a treinta kilómetros de distancia.


Este tramo me resulta especialmente cómodo. No sé si será la cocacola, la carretera, la temperatura, la entrada en el Pays Basque con esa belleza del paisaje o todo ello junto, pero voy haciendo kilómetros sin darme cuenta.


Dejo atrás el desvío de Arette y me tiro hacia Tardets por la misma carretera por la que rodé hace un par de semanas. El sol cae de frente y me achicharra las fotos.


Llego a Tardets y me voy directo a la fuente para rellenar el bidón. Voy bien de líquido pero no quiero dejar de llenar en cuanto conozco de una fuente porque sé lo que pasa luego. Mientras estoy llenando, veo el supermercado de enfrente y decido entrar a comprar algo diferente. Por un euro me compro un Tiramisú que me sabe a gloria.


Tiro para la capital de Zuberoa sin llegar a entrar en ella porque atajo por Menditte para salir en la carretera del puerto de Osquich.


Musculdy es otro punto clave de la ruta. Aquí se cumple el km.500 y toca una parada más larga, como en todas las centenas. Son como quince minutos que aprovecho para estirar bien delante del cartel de inicio de puerto. Me sorprende lo bien que me encuentro. Aprovecho para llamar a casa para que Amaia me concrete con exactitud la distancia que me queda hasta Hendaia, vista en el Viamichelin.


Osquich es un puerto muy humilde pero muy bonito. Siempre que lo he subido, he disfrutado mucho y esta vez no es diferente. La tarde va cayendo y ya no queda mucha luz, lo que lo hace muy interesante.


Me he tomado una glucosa antes de arrancar la subida y voy como un tiro. Es la única que metí en la bolsa y la he guardado hasta este momento porque no me ha hecho falta.


La gran llanura francesa se extiende a lo lejos mientras el cielo se tiñe de naranja en el oeste. Todavía me queda un buen rato de luz y aprieto un poco para reducir las horas de noche al máximo. Tenía calculada una llegada para la medianoche de hoy pero creo que me voy a pasar un par de horas.


Corono el col d'Osquich y, con la ligera brisa favorable, el descenso es rapidísimo. No pasa ni un coche y me meto en la carretera de Donibane Garazi (Saint Jean Pied de Port) encendiendo los pilotos traseros.


El alto de Galtzetaburua me rompe un poco el ritmo previo a desviarme justo antes de llegar a Lacarre por la carretera de Hasparren. Me meto en una zona de repechos continuados y se hace de noche enseguida. La oscuridad es total y no se ve nada alrededor. A las 22:15 hago la última llamada a casa. Llevo 530km y creo que estaré en Hendaia para las 02:00, más o menos. Eso si no me duermo, claro. En apenas quince kilómetros, llegando a Louhossoa, no puedo evitar parar un rato para descansar la vista. Esos minutos de desconexión me vienen de maravilla y parecen despejarme. Para más fortuna, en Itxassou (km.550) encuentro un bar abierto (están fregando el suelo) y me rellenan el bidón con agua fría, justo lo que necesito para terminar de espabilarme.

Paso por Ezpeleta y Senpere, donde hago la última parada para comer una barrita. Cierro los ojos durante unos minutos sentado en un banco junto a un semáforo. La temperatura nocturna es increíble, con 20ºC en el luminoso de una farmacia. Ya solo me quedan treinta kilómetros y me conozco esta carretera de memoria. Al llegar a San Juan de Luz, giro camino del alto de Urruña para entrar en Hendaia. Son tres kilómetros muy suaves donde me acompañan un montón de motocicletas de chavales que regresan de fiestear por la zona.

Llego al coche pasadas las 02:15 con 604km recorridos. Hacía mucho tiempo que no rodaba tantos kilómetros y, sin embargo, termino en un estado magnífico. Se nota que me he tomado la historieta ésta con mucho respeto y que no he dejado pasar ni un solo punto de avituallamiento programado. Con cosas más fáciles voy de sobrao y luego pasa lo que pasa. Tenía pensado dormir en Hendaia pero decido desayunar en casa, así que me cambio, guardo la bici y tiro para Bilbao. En el camino se me cierran los ojos y hago un par de paradas para cerrarlos. Ya dormiré la noche de mañana a pierna suelta.

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2 comentarios :

  1. Plas, plas, plas, plas, plas.
    No me atrevería a aventurarme de esa manera. Eres admirable y osado.
    Vaya cantidad de alimentos, ropa y herramientas que llevas encima. Una buena preparación, sí señor.

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    1. Gracias, Gorgonio.
      Llevé de todo pero, lo mejor, es que no se notaba. En muy poco peso y volumen era totalmente autosuficiente. De eso se trata. ;-)

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