El este de Obwalden

Hoy es domingo, lo cual me ha venido muy bien para dormir en el polígono industrial de Sarnen, enfilado para donde me tengo que dirigir. Como ayer me quité las subidas del lado oeste del valle, ya solo me queda la parte más oriental. Llevar algún puerto de adelanto me ha ocasionado este pequeño desajuste de las etapas que tenía planificadas, algo que tampoco me trastoca los planes en demasía.

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El este de Obwalden Sarnen 68 km 2500 m+ IR

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Cuanto más al este me desplazo, antes amanece, lo que me permite salir más temprano. Como también oscurece antes, me meto a dormir muy pronto y funciono con un horario ajustado a las horas de sol.


Como todos los días, aunque el cielo esté totalmente despejado, las montañas hacen de visera y pedaleo los primeros kilómetros de la subida a Melchsee-Frutt por una carretera sombría. Aún así, la temperatura es buenísima. Cada día que pasa hace un poco más calor.


He dejado atrás la localidad de Kerns y los primeros seis kilómetros de ascensión, los cuales se manejan en torno a un 5-6%. Camino de Melchtal me encuentro con un tramo en obras y me detengo en el semáforo, momento en el que me adelanta una chica en su BTT.


Viene otra media docena de kilómetros más suaves, rondando el 3-4% en todo momento. La chica rueda rápido y se mantiene a unos cien metros de mí. Me adelantan muchos coches, casi en caravana.


Llegando a Stöckalp me encuentro con unas barreras levantadas y accedo a una zona de aparcamientos donde hay varias personas con chalecos reflectantes. Sigo mi camino y veo que la chica de la BTT se mete por la pista de subida a Melchsee-Frutt, esquivando una barrera bajada.


A partir de aquí, llegan más de ocho kilómetros de verdadera dureza, con pendientes medias de 10-11-12% que obligan a ponerse serio y apretar el culo por un buen rato.


La pendiente va en aumento y el telecabina que va paralelo me da la pista de que esto no va a parar. Poco a poco voy recortando la distancia con la chica de la bici de montaña, hasta que la supero. Llevo varios días subiendo rampas de porcentajes similares y ando fino.


Tras saludar a la chavala, sigo a mi ritmo y veo que trata de mantenerlo ella también. La voy oyendo por detrás y sus jadeos son cada vez más intensos. Me dan ganas de decirle que afloje un poco y que suba a su bola, como si yo no estuviera, pero el idioma alemán que hablan por aquí es demasiada barrera.


La ganancia de altitud trae consigo una mejoría notable del paisaje. Las vistas se amplían y van apareciendo grandes praderas, aunque la pendiente no cesa, siempre con los dos dígitos en el contador del GPS. Llega un momento en el que la chica peta y empieza a quedarse muy atrás. No se tenía que haber cebado con mi ritmo.


Los últimos kilómetros son muy chulos. Las praderas van en aumento y se divisa mucho tramo de carretera. El valle queda hundido dando idea de lo mucho que se ha subido en media docena de kilómetros.


Llego al final cruzando un gran aparcamiento previo a las urbanizaciones que hay junto al lago. Está repleto de coches y enseguida veo el motivo: están de fiestas


Me recibe la música folclórica, con tipos vestidos con trajes regionales tocando los cuernos alpinos mientras otros luchan sobre la arena en algún campeonato que están disputando. Lo dejo para la vuelta y me voy a ver el lago.


El paisaje montañoso es fantástico. Tras un rato junto al lago, regreso hacia el lugar de la fiesta. Un grupo de vacas viene de frente y me tengo que esperar para pasar junto a un par de coches porque éstas sí que van a su ritmo.


Me apalanco un rato para ver las luchas. La chica de la BTT llega en este instante y la saludo con el pulgar para arriba, como felicitándola por su esfuerzo, algo que agradece con una sonrisa y una frase que no entiendo después de un 'danke' fácilmente reconocible.


Aprovecho que se está muy bien y que hay espectáculo para comer algo. Han sido 23km de subida con un final muy exigente pero me encuentro perfectamente. Cada día que pasa me noto más fuerte.


El descenso de Melchsee-Frutt es de lo más desagradable que me ha pasado en una bicicleta. Lo inicio sin ningún problema pero, a partir de la mitad de la pista, me topo con una caravana de coches que suben. La carretera es estrecha y me echo a un lado, bajando muy despacio, parando cuando veo que es mejor detenerse. Pero no debe ser suficiente porque varios coches me embisten a posta, incluso cuando estoy detenido sobre la hierba. Hay un borrego que casi me despeña por el precipicio. Llego a pasar miedo. Alguno me hace señales de loco con el dedo y varios me increpan, importándoles una mierda que les diga que soy extranjero y que desconocía que pudiera haber turnos, algo que he comprobado más tarde, al llegar a casa. Mi imagen sobre los suizos de la franja germana ya no era muy buena y ahora mismo es la peor que se pueda tener. Un cenizo te puedes encontrar, pero tanto garrulo no es ni medio normal.


Después de dejar pasar a todos los coches que suben, consigo bajar y sigo hasta Kerns, donde me desvío a la derecha para coger la carretera de Sand, donde empieza la subida a Ächelipass, otra subida dura con más de ocho kilómetros por encima del 10% de media.


Me pongo a subir por una pista que se adentra en el bosque, con algunos tramos con demasiada gravilla. Para estas horas ya hace mucho calor y empiezo a sudar por los brazos, algo que me suele deshidratar enseguida. Por suerte, encuentro una buena fuente de agua fresca y relleno el bidón.


Me cruzo con dos beteteros que bajan mientras la pendiente va subiendo, alcanzando un kilómetro al 13% de media como punto culminante. Apenas hay descansos, lo que hace que este puerto sea realmente duro.


En el último tercio de subida, se abren algunos claros para poder disfrutar de las vistas sobre el valle. Empiezo a divisar la parte ascendida y veo que vienen tres beteteros más por detrás de mí. 


Se me empieza a atragantar la subida en la parte final pero las vistas compensan el esfuerzo y eso me ayuda a seguir dando pedales. El Wichelsee luce magnífico desde este mirador.


¡Vaya con la subidita! El último kilómetro no baja de la doble cifra y encierra una sorpresa. Desde la última curva se puede ver cómo se me acaban los Alpes y empieza la gran llanura que hay hacia el norte.


Corono este Ächerlipass al mismo tiempo que un alemán que viene de frente con alforjas. Cruzamos unas palabras pero es imposible comunicarnos porque no habla nada de inglés. Tengo la impresión de que lo que le digo le suena a chino al ver cómo sonríe. Solo consigo adivinar que la pendiente de su vertiente también ha sido cañera.


Regreso hacia Sarnen y como tranquilamente antes de ponerme rumbo a Schwyz. Van a ser menos de sesenta kilómetros pero con sorpresa. El GPS me envía por el mismo medio de uno de los grandes lagos. ¿Qué querrá decir?

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