El glaciar más joven del Tirol

La subida hasta el glaciar Kaunertal tiene su inicio en Prutz, con más de 38km para llegar a lo que va a ser la Cima Coppi del viaje con sus 2.750m de altitud. Van a ser casi dos mil metros de desnivel y eso me va a llevar un buen rato, con lo que me cojo el Goretex por si acaso le da por descargar en algún momento porque el día está tomando un cariz muy gris.



Los primeros kilómetros se mantienen en torno a un cómodo 3%, hasta llegar a un primer escalón de la subida entre los kilómetros cinco y ocho. Voy avanzando por el valle del río Fagge, el valle de Kaunertal, también conocido como el valle de los glaciares, con la vista puesta en unos picos nevados que aparecen al fondo y que ya ayer por la tarde me llamaron la atención.


Paso por un par de túneles antes de llegar a Platz, donde la carretera se vuelve casi llana por unos kilómetros. Esto hace que llegue a Feichten enseguida. Para mi sorpresa, se abren grandes claros, lo que me da un plus para disfrutar de una subida que promete.


Al salir de Feichten, me encuentro con un nuevo peaje. Llevo trece kilómetros hechos y muy poco desnivel acumulado, así que espero empezar a subir con fuerza en breve. Me aparto de la carretera para quitarme la chaqueta de Goretex y prepararme para una buena escalada.


En el rato en que me quito la chaqueta, me como una barrita y echo una meadilla, el peaje se pone hasta la bandera de coches. Son otros 23€ que me voy a ahorrar por subir en bicicleta. Es una forma de pedalear con más alegría.


Los siete kilómetros que hay hasta llegar a la cota del embalse de Gepatsch son bastante irregulares, yendo de un cómodo 4% hasta el 8-9% que te encuentras cuando aparece la pared de la presa.


Para subir a la altitud del embalse, aparecen las primeras herraduras numeradas. Como siempre que hay números, se agradece porque son un entretenimiento extra. Y en una subida tan larga viene bien despistar la cabeza de vez en cuando.


Alcanzo el embalse en el km.21 y empiezo a sentir la grandeza de esta subida. Todavía me quedan muchos kilómetros y el paisaje de alta montaña ya es brutal.


Rodear el embalse tiene tela, ya que su profundidad es de seis kilómetros. Hay una ligera subida, con su consiguiente bajada, pero son prácticamente llanos.


Tras este largo descanso, llega la subida final. Son doce kilómetros maravillosos, llenos de curvas de herradura y vistas de ensueño. Comparto carretera con muchos moteros pero, a diferencia de en otros puertos, van muy tranquilos, disfrutando del entorno como merece.


El inicio de este tramo final es suave, con dos kilómetros al 5-6% para ir haciendo boca. La presencia del glaciar Gepatschferner, el segundo más grande de Austria después del Pasterze (junto al Grossglockner), es inmensa.


Llego al km.30 de puerto con un suave 2%, con el sonido del arroyo como acompañante entremezclado con los ocasionales motores de moto. Parece que el cielo quiere despejar un poco para hacer más bonita, si cabe, la subida.


Herradura a herradura voy ganando altitud. El sol termina por salir y los colores empiezan a brillar. Está quedando una subida alucinante. Un primer kilómetro al 11% anuncia la dureza que va a haber hasta el final, donde ya no se va a bajar nunca del 7% y rondando siempre la doble cifra.


Rondando la cota 2000, todavía hay mucha vegetación y un manto verde lo cubre todo. No sé por dónde se va a alcanzar la cima del puerto pero lo intuyo y eso queda muy alto. Los kilómetros empiezan a pesar y me preparo para un final con cierta dureza.


En la cota 2.117, tras un kilómetro repleto de herraduras y con unas vistas estratosféricas del fondo del valle Kaunertal, se encuentra la curva en honor al ingeniero que diseñó esta carretera: el sr. DI. Helmut Sterzinger.


Todavía restan siete kilómetros de ascensión y la vegetación empieza a desaparecer, dando paso a un paisaje mucho más rocoso pero rodeado todavía de verdes praderas. Es alta montaña en estado puro y, aunque con cierto cansancio, voy disfrutando como un enano.


Entre rampa y rampa de doble cifra, hay algún que otro respiro. siguen pasando coches y motos pero en plan turista, lo que no molesta nada. Me encuentro con una señal que advierte de la posible presencia de marmotas pero no veo ninguna.


Poco más adelante, la carretera se encuentra en obras. Están poniendo asfalto nuevo y hay un semáforo para regular el paso alterno de los vehículos que suben y bajan. Yo me cuelo porque tengo espacio suficiente como para pasar sin molestar y son muchos los conductores que me van animando al pasar, conscientes de que se trata de un puertazo en toda regla.


En este tramo de curvas y recurvas, aparece la lengua del glaciar Gepatschferner buscando su camino por una de las hermosas canales de la montaña. El espacio es tan abierto que no puedes abarcarlo todo mientras vas dando pedales. Es una subida inmensa.


No tenía esta sensación de inmensidad desde hace mucho. Echaba de menos llevarme a los ojos un puerto de estas características. En este viaje, solo el Sustenpass y el Klausenpass se le han acercado.


Hay otro kilómetro entero al 11% para tensar un poco más, como si no fuera lo suficientemente duro con casi cuarenta kilómetros de longitud. Aún así, lo llevo bien. El paisaje ayuda tanto que van pasando los kilómetros sin darme cuenta.


Me quedan cuatro kilómetros cuando alcanzo la altitud del Weiss See. La pendiente ya no va a bajar del 9% y, a estas alturas de subida, eso ya pasa factura. Se agradece el asfalto nuevo porque deja rodar muy bien la bici.


He ido descontando curvas de herraduras por sus carteles, hasta llegar a la nº2, donde decido parar para sacar una foto porque tiene un gran plano con el fondo del valle detrás. Luego me voy a alegrar de haberlo hecho porque no encuentraré el cartel de la curva nº1.


Apenas me quedan ciento y pico metros de ascensión. Llevo ya un par de kilómetros intuyendo dónde acaba la subida porque hay unas construcciones sobre un collado y el corte de la carretera se dirige hacia él.


El último kilómetro, al igual que el anterior, ronda el 10%. Paso bajo un arco de bienvenida imaginando qué me voy a encontrar al final de la carretera y con la vista puesta en todo lo que llevo ascendido hasta ahora.


Empieza a hacer fresco a esta altitud. Me empiezo a acercar a los tres mil metros y estoy rodeado de hielo en las cumbres. Me falta un último arreón para llegar a coronar este pepino.


La carretera concluye en una gran explanada asfaltada, a modo de aparcamiento. Hay unas cuantas instalaciones de esquí que afean bastante el final, con el Weißseespitze en primer término con sus 3.518m. Según llego a ella, agradezco a unos tipos sus aplausos al verme llegar, como premiando el esfuerzo que supone pedalear hasta aquí.


Hace rasquilla y me abrigo bien para la bajada porque, siendo tan larga, puede ser dura. Estoy muy satisfecho por cómo me he encontrado en un puerto tan largo, ya que me suele ir mucho mejor en puertos más cortos, aunque tengan rampas más intensas.


Desciendo rápidamente y, antes de llegar al peaje, me tengo que quitar ropa de encima porque el fondo del valle está mucho más caldeado y el llano del embalse, con la chaqueta puesta, se me hace casi tan duro como la subida. 


Entre la subida de primera hora de la mañana y este puertazo, llevo cien kilómetros y casi tres mil metros de desnivel. Pero es muy pronto aún y, viendo que son muy cortas, espero quitarme dos subidas del norte de Imst.

INFO KAUNERTAL

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