El macizo de los Wetterhörner

Innertkirchen es uno de esos lugares clave en el cicloturismo de puertos de montaña. Es algo así como Luz Saint Sauveur en los Pirineos, un lugar rodeado de grandes puertos que no tienen desperdicio alguno. Mires para donde mires, puedes intuir la belleza que vas a encontrar camino de esas cumbres. En el cruce de caminos del Sustenpass y el Grimselpass hay unos baños públicos con un aparcamiento ideal para dejar el coche, con un hotel en el otro lado con wifi gratuito. Tengo que hacer tres puertos aquí y hoy me puedo quitar uno. Como el Sustenpass y el Engstlenalp comparten inicio, opto por hacer esta tarde el Grosse Scheidegg.



Tomo la carretera de Meiringen y las dos herraduras de salida de Innertkirchen me dejan unas vistas excepcionales del valle en el que se asienta esta localidad. Poco después, tomo el desvío de Geissholz y, por una estrecha carretera, empiezo a subir fuertemente.


Geissholz queda a la izquierda y yo la rodeo. Hay alguna que otra rampa de doble cifra pero también hay terreno cómodo. Me da pena que el día se mantenga tan nublado. Ha habido un momento en el que parecía que iba a despejar pero no ha terminado de hacerlo.


La pendiente se va incrementando paulatinamente en estos siete primeros kilómetros pero sin llegar a asfixiar. La carretera se va encajonando y no queda lugar para las vistas.


Llega un punto en el que me encuentro a varios coches parados en una caseta. Se trata de una máquina de pago automático por estacionamiento. Más arriba hay varios aparcamientos porque, en este puerto, solo está permitido el paso de autobuses.


Saludo al pasar pero no me responde ni cristo. Justo tras el peaje, vienen un par de herraduras a modo de lazadas y la pendiente sigue subiendo, hasta llegar a un kilómetro completo al 10%.


Llega un momento en el que aparece delante de mi la imagen del glaciar Rosenlaui y ya no puedo dejar de dar pedales para acercarme a él. Se encuentra rodeado de nubes pero resulta muy atrayente.


La carretera cruza en un par de ocasiones el arroyo Reichenbach, archiconocido por las cataratas que Sir Arthur Conan Doyle utilizó para acabar con Sherlock Holmes, del cual estaba ya hasta el gorro.


La carretera sigue paralela al arroyo durante un buen trecho y la pendiente se suaviza mucho. Salvo algún repecho de doble cifra, la ascensión es un paseo hasta llegar a Rosenlaui.


La presencia del macizo de los Wetterhörner impone. Se trata de tres montañas rocosas, de esbelta figura: el Wetterhorn es el más visible desde la vertiente de Grindelwald y está acompañado del Mittelhorn (el más alto con 3.704m) y el Rosenhorn. Es una pena que no pueda ver sus perfiles completos por culpa de las nubes.


La llegada a Rosenlaui es muy tranquila, gracias a un gran tramo llano que la precede. Están haciendo obras en la entrada y tengo que esperar a que pase un camión que está retirando roca de un lado.


A partir de Rosenlaui me suena la flauta y empieza a despejar. Me quedan siete kilómetros de ascensión. Son los más duros pero de una belleza impresionante.


El paso está prohibido para los coches y solo pueden pasar los autobuses de línea. Coincido con uno y me tengo que echar a un lado para que quepamos los dos.


Poco después me adelantan dos ciclistas que no saludan al hacerlo y, dos curvas más adelante, adelanto yo a otros dos que van con alforjas y que no me devuelven el saludo. Sí, es lo típico de esta zona y ya no le doy mayor importancia.


Con la imponente montaña como espectador, un kilómetro al 13% me obliga a ponerme serio. Iba embobado con el paisaje y me encuentro con una rampa al 16% y con la cámara en la mano dificultando la subida de piñones.


Los cinco últimos kilómetros se me hacen largos. La pendiente no da un respiro. Es un puerto de 18km y 1.350m de desnivel, con lo que ese kilómetro al 13% te deja tocado para los cuatro finales.


Sigo ganando altitud y las nubes abandonando las montañas, con lo que empiezo a disfrutar de sus perfiles y de una visión más clara del glaciar Rosenlaui.


Estos son los puertos que uno viene a buscar a estas tierras. Estaba un tanto decepcionado por lo que me había encontrado hasta ahora pero este puerto me anima enormemente.


Corono este magnífico Grosse Scheidegg junto a unos beteteros que bajan por una pista. Hay un remolque con bicicletas de montaña de una empresa que las alquila.


Me asomo a la vertiente de Grindelwald y el panorama es magnífico. Se trata de un puerto de paso precioso. Todavía son las cuatro de la tarde y ha quedado un día estupendo, así que me quedo un rato para disfrutar de las vistas.


Tras el descenso, de nuevo en Innertkirchen, aprovecho los baños públicos para asearme bien y me conecto al wifi. Hoy no me va a hacer falta poner ninguna peli en cuanto acabe de cenar.

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