El oeste de Obwalden

Me queda toda la tarde y hace un día estupendo. A pesar de haber acabado un poco cansado con el Sustenpass, el descanso y la comida me han sentado de maravilla y vuelvo a estar enchufado. Ya casi llevo 3.000 metros de desnivel pero espero poder con dos puertos más: Glaubenbüelen y Glaubenberg, los dos BIGs que conectan el cantón de Obwalden con el cantón de Lucerna a través de las montañas del oeste de este precioso valle.



Dejo el coche a las afueras de Giswil para empezar con el Glaubenbüelen. Son trece kilómetros de subida pero con los dos primeros testimoniales de acercamiento.


Hace bastante calor y no parece que vaya a disfrutar de sombras en el trazado que se adivina de este puerto. Tras los dos kilómetros de aproximación, enseguida se pone serio el asunto, ya que la pendiente no va a bajar nunca del 9%.


Adelanto a un grupo de beteteros que vi pasar cuando me preparaba en el coche. Las rampas de doble cifra se van sucediendo y empiezo a ver el inicio del lago Sarnersee.


La belleza de este valle es impresionante. Voy tan entretenido tirando fotos que ni me doy cuenta del bicharraco que estoy subiendo, sin un solo descanso en once kilómetros.


Parece increíble que puedan pasar con estas segadoras por estas paredes. Están cortando la hierba con unos tractores que se adhieren a la ladera de la montaña y que no sé cómo no se despeñan.


Parece que va a haber un tramo de bosque cubierto, donde las vistas se pierden, pero solo son unos metros. Enseguida se vuelve a abrir y puedo seguir disfrutando del entorno.


Me encuentro con una moto a modo de escultura. No me extraña nada porque el tráfico de moteros es tanto o más insoportable que en el Sustenpass. Se oye cómo se acercan y, como es una carretera más estrecha, esperas que te alcancen en una zona con amplia visibilidad y a una velocidad contenida. Me produce un estrés que afea mucho estas subidas.


Ya en la parte final, se alcanza un altiplano en el que me imagino unas nevadas del copón en pleno invierno. La estampa veraniega, mientras tanto, es espectacular.


La coronación del Glaubenbüelen es un tanto decepcionante para un puerto de estos números. El collado que se alcanza es ciego y hay que regresar unos metros para encontrarse con un banco rojo en una especie de mirador.


Desciendo y me desplazo hasta Sarnen, a tan solo diez kilómetros hacia el norte pero por una carretera que soporta bastante tráfico. La A8 se mete por túneles y todos los turistas optan por la vía que va junto al lago, mucho más atractiva.


Son las seis de la tarde cuando empiezo a subir el Glaubenberg. Ha sido una decisión arriesgada. Mañana tengo dos puertos más que nacen de Sarnen y podía hacer una única etapa con los tres, sin desplazamientos. Pero he aparcado en una zona industrial y no tengo nada que hacer. Ya he merendado y me encuentro con fuerzas para superar los 5.000 metros positivos en el día de hoy.


La hora tardía y la orientación oeste de la subida hacen que el sol no luzca en esta ladera de la montaña. Los tres primeros kilómetros no bajan del 10% en ningún momento y se me hacen más duros de lo que esperaba.


Luego se alcanza una pequeña meseta que da bastante tregua durante cinco kilómetros, con una pendiente que va yendo de menos a más antes de otro pequeño escalón de la montaña. 


Tras la alfombra verde aparece la imponente visión de unos picos nevados que, por la orientación y la distancia, deben corresponder a la zona del Furka. Esas montañas suizas son impresionantes.


Tras los cinco kilómetros de impás, con pendientes que iban del 4% al 7%, me vuelvo a encontrar dos kilómetros por encima del 10% que se me atragantan bastante. El acumulado del día empieza a pasar factura.


Ya en la parte final, el sol empieza a desaparecer y solo luce en algunas curvas abiertas. Hace rato que no me encuentro con moteros y eso es una bendición.


La temperatura ha bajado de pronto, al igual que el día del Gurnigel. Solo espero que no me pase como en aquella ocasión y que no me destemple aunque parece que hoy estoy más fuerte.


El penúltimo kilómetro suaviza hasta un 3% al paso por Langis. Hay un coche de policía y, sorprendentemente, me saludan los dos agentes que están fuera al verme pasar. Me dicen algo pero no les entiendo y me hago un poco el loco, saludando con la mano pero sin parar.


El kilómetro final vuelve a subir un poco la pendiente por encima del 7% y no me cuesta mucho porque sé que es el último. Otra cosa sería si hubiera más pero, al ser el final del día, aprieto un poco para terminar.


Desciendo hasta Sarnen en sombra. Los días en estos valles no dan para más. Llego al coche a las ocho de la tarde y, en breve, se hará de noche. Como estoy en un polígono industrial y mañana es domingo, voy a poder dejar el coche donde sea, así que me cojo la tablet y, antes de guardar la bici, me doy una vuelta buscando wifi gratis. Tengo suerte y lo encuentro en un taller mecánico, lo que aprovecho para aparcar en su puerta. Otro día que no voy a tener que tirar de peli para entretenerme durante un par de horas.

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