El puerto de Imst

Hoy he dormido en el aparcamiento del hipermercado Spar de Imst. He detectado que tienen wifi gratis y llevo dos días buscándolos. La chaparrada de ayer ya tiene consecuencias: el coche huele a humedad que da asco y, lo que me preocupa más, la cámara de fotos se ha vuelto loca porque le ha entrado agua.



Arranco camino del Hahntennjoch y, al sacar la primera foto de mi paso por el centro de Imst, me doy cuenta de que la cámara no funciona bien. Dispara sola en cuanto se enciende, con lo que me fotografío los pies tres o cuatro veces hasta que soy consciente de la avería. Una vez encendida, ya no va el botón del disparo, así que la tengo que volver a apagar y encender de nuevo.


Me esperan más de mil metros de desnivel en catorce kilómetros, unos buenos datos para empezar la mañana. Las nubes de ayer han dado paso a un cielo azul aunque, al ser aún tan temprano, todavía no entra el sol.


Me paso el primer kilómetro intentando hacerme con la cámara. Tengo que apuntar y luego encender porque dispara sola. Si quiero hacer una segunda toma, repetir el proceso después de apagar. Encuadrar a ciegas es imposible y termino claudicando. Me conformo con que salga algo.


Los dos primeros kilómetros, al 7% y 9% respectivamente, me sirven para ir tomando el pulso de la ascensión. Se nota que ayer llovió porque, según sale el sol y va calentando, la humedad se levanta en forma de nubes que van ganando altitud.


Fuera de la población, me encuentro con un numeroso grupo de chavales italianos que hacen rollerski que se van a convertir en la atracción del puerto para mí. Son alrededor de cincuenta niños y niñas de diferentes edades entrenando junto con sus monitores, los cuales van en varios coches y furgonetas y se reparten por todo el puerto para no perderles de vista. En cuanto el grupo supera al último vehículo, este se adelanta hasta el principio y así sucesivamente, todo perfectamente coordinado.


La velocidad que llevan es parecida a la mía en los tramos de mayor pendiente pero voy más rápido en los dos kilómetros al 5% que siguen. Se van separando en grupos por edades según el ritmo que llevan.


La parte central del puerto no baja del 8-9% y coincido con el grupo de mayor edad. Como son italianos, nos entendemos bien y voy charlando con alguno. Son de un club de Trento y hay campeones de Italia entre sus filas, con algún que otro participante destacado en la Copa del Mundo de Rollerski. Hay una chavalilla que va como un tiro, marcando el ritmo del grupo.


Voy tan entretenido que casi no me doy cuenta de lo chulo que está siendo este puerto. Sigo peleado con la cámara pero no dejo de hacer fotos de valle por el que transito.


A falta de cuatro kilómetros para coronar, hay un buen tramo de descanso al 3-4% en el que les dejo atrás. La montaña se embrutece mucho y las rocas se apoderan del paisaje.


Ya se aprecia el collado en el que se corona este fabuloso Hahntennjoch cuando doy caza a otro grupo más. Son los niños y niñas más pequeños, rondando los diez años de edad. Seguramente, al ser los más canijos, los habrán soltado más arriba para que no se tengan que hacer todo el puerto.


Me pongo a su altura y no puedo dejar de animarles en dos kilómetros enteros por encima del 10% en los que ralentizo un poco mi marcha para seguir con ellos. Los italianos son muy abiertos y da gusto coincidir con ellos. Nos entendemos bien y, además, hay uno que habla español porque su familia es de Alicante.


Apenas quedan doscientos metros para coronar cuando me retan a un sprint, con algunos de sus entrenadores en la línea de puerto. Hacemos un poco el bobo y llegamos juntos entre risas de los chavales que me han hecho pasar un rato muy divertido.


En la cima me quedo charlando un rato con los entrenadores y felicitando a los críos que van llegando. Están pasando unos días por la zona y se van haciendo puertos. Les felicito por su magnífica labor. Mi último puerto del planning es el Monte Bondone en Trento y me despido con su deseo de que disfrute de una subida que conocen a la perfección. Aún no lo sé, pero la pena va a ser que la cámara de fotos va a decir lo contrario.


De regreso en Imst, intento secar la cámara rodeándola de papel absorbente. Apenas me tengo que mover 17km para llegar a Oetz y empiezo a estar muy preocupado por ella.

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