El Rín como testigo

Los días pasan y ya me encuentro cercano a la frontera con Austria. He dormido en Buchs, justo enfrente de Liechtenstein, para empezar el día subiendo a Buchs-Malbun. Las previsiones de ayer acertaron de pleno y la tormenta descargó con ganas, pero muchas menos de las que tengo yo de abandonar Suiza. No me siento cómodo en este país y ya tengo ganas de hablar con casa.



Abandono el lugar en el que he dormido con el suelo muy mojado pero enseguida se va secando. Me esperan casi mil metros de desnivel en apenas diez kilómetros, así que voy a entrar en calor rápidamente.


La carretera comienza por un bosque con mucha maleza y enseguida me enfrento a kilómetros enteros al 10%. El día está muy despejado pero, como de costumbre, el sol no puede entrar tan pronto.


En cuanto gano un poco de altitud, el sol me calienta y el verde de las praderas va haciendo acto de presencia. La subida es dura, con puntas del 18% que le ponen un poco más de picante.


Se van alternando tramos abiertos con otros con más arbolado y se amplían las vistas del valle del Rín en su caminar hacia Alemania. Se aprecia muy bien cómo se acaban los Alpes hacia el norte.


Hoy no me he levantado fino y lo noto en una subida tan dura. No todos los días vas a andar bien, pienso. Tampoco ayuda mucho el tipo de puerto, que me parece muy sosaina.


Los últimos kilómetros no bajan del 10%, con uno que media el 12% y que me deja muy tocado. He desayunado lo mismo que siempre pero me noto muy falto de fuerzas. En cuanto baje tendré que reponer bastante si quiero que el día no sea un suplicio.


Termino coronando este Buchs-Malbun con más pena que gloria. La carretera posee una bifurcación en su tramo final, llegando un camino hasta unas casas y el otro a un gran aparcamiento. La sensación que tengo es la de haber tachado otro cromo pero ninguna satisfacción, contrastando enormemente con el primer puerto de ayer, que fue una explosión de todo.


Desciendo, como y bebo con fundamento, a modo de segundo desayuno. Espero que solo haya sido un momento de bajón. En menos de treinta kilómetros siguiendo el curso del Rín, aterrizo en Altstätten para hacer el Stoss, el último puerto suizo de la planificación. Me cuesta muchísimo encontrar aparcamiento, hasta que veo una nave y dejo el coche en la puerta. Mientras bajo la bici, aparecen unos policías y me piden los papeles. ¿He dicho ya que estoy hasta los mismísimos de los suizos? Ya se saben mis datos de memoria, ¡kaben zotz!


La subida no la empiezo tranquilo. He dejado el coche en el mismo sitio y no me fío de esta gente. Voy dando pedales pensando que, cuando baje, no voy a tener coche. Al final, consiguen meterte en la cabeza que eres sospechoso y que no eres bien recibido.


La subida tampoco es que tenga mucha historia, Es una carretera al 7-8% que tampoco me dice nada. Con solo siete kilómetros, hace mucho que no me quedo por debajo de los quinientos metros de desnivel, siendo uno de los puertos más flojos de todo el viaje.


Es una buena carretera para rodar, con una pendiente moderada, pero que me resulta demasiado anodina a estas alturas de la película. Y ésta es la vertiente dura, ya que la contraria no llega a trescientos metros en 17km.


Tras siete kilómetros en los que he pensado más en el coche que en la subida, llego a la localidad de Stoss, punto culminante de este puerto. No hay un final concreto, ya que la carretera llanea hasta perderse en el horizonte.


Me doy media vuelta a la altura de un pequeño apeadero del tren, cuya vía viaja paralela a la carretera. Destacan las verdes praderas y una ligera niebla sobre el río Rín, el gran protagonista de este valle.


Sin perder un segundo, desciendo hasta el coche imaginando mil y una historias. Me veo yendo a recogerlo de la grúa, con los cristales rotos o empapelado con multas en el parabrisas.


Es el momento de entrar en Austria, ya tenía ganas. Solamente tengo que cruzar el río para entrar en el país vecino y, en apenas diez kilómetros, aparcar en Götzis. En Austria manejan euros y la gasolina está al mismo precio que en España, incluso algo más barata, así que lo primero que hago es llenar el depósito a tope, tal y como tenía previsto desde que planificara el viaje.

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