Un mirador sobre el Brienzersee

Continúo el viaje hacia el este de Suiza pasando por Interlaken. El paisaje de esta zona de entrelagos en espectacular. Hay muchas nubes pero voy hacia Brienz y allí parece que luce un hermoso claro. Por la orilla sur de los lagos transita la A8, así que me toca ir por el norte haciendo algunos kilómetros más.



Llego a Brienz embobado por lo que estoy viendo. Este rincón del mundo es bellísimo. La subida a Axalp tiene su inicio en un vértice del lago Brienzersee y aparco el coche poco antes de llegar a la rotonda de salida.


De nuevo me encuentro ante una subida de cierta dureza, con diez kilómetros a algo más del 9,5% para remontar la mole que rodea al lago por esta orilla sur.


Enseguida tengo buenas vistas del lago. El primer kilómetro se mantiene en la doble cifra y gano la altitud suficiente como para ver Brienz completo en apenas un momento.


La única pega son las nubes que abrazan la montaña y que no dejan que entre la luz del sol para hacer las fotos más chulas. Como no hay ningún respiro, puede que eso sea una suerte porque con calor sería aún más duro.


Me adelantan un autobús igualito al del Gorneren y dos o tres coches más, lo que me permite hacer la subida muy tranquilo. Las carreteras del valle llevan mucho tráfico pero estas que llevan a las localidades altas son otra cosa.


El puerto es constante y machacón. La pendiente no afloja nada pero tampoco se dispara nunca. Enseguida se pierden las vistas del lago y la vegetación hace que no se disfrute tanto.


A partir del quinto kilómetro empieza a lucir el sol y bien que se agradece. Alcanzo una zona de praderas y la luz hace que el verde explote por todas partes.


La pendiente no afloja. El 10% es una constante en esta subida que se solventa disfrutando de las vistas que van surgiendo cuanta más altitud se alcanza.


Los últimos kilómetros reducen un poco su pendiente pero, con lo que se lleva acumulado, apenas se nota. Este año no he subido muchos puertos de esta categoría y el final parece no llegar nunca.


El último kilómetro se me hace muy largo. Es la última parte de una zeta con dos enormes rectas que parece que no se acaban. Supero el cartel de entrada a Axalp y me llevo la decepción de terminar en una plazoleta frente a una especie de hotel, sin ningún mirador o balcón sobre los lagos.


El bidón ya está caliente y no me entretengo nada. Media vuelta para un descenso rápido. Me toca ir hasta Innertkirchen, donde tengo tres puertos con inicio común para una sola etapa. La pega es que los cambios de los primeros días me han trastocado todo y ni siquiera son las dos de la tarde, lo que me va a permitir quitar uno hoy. Ya veré al llegar por cuál opto.

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