Valles de Ossau, Aspe y Barétous

He dormido a las afueras de Oloron, en un gran aparcamiento que hay en la carretera de Arette, con un frío nocturno muy intenso. El día aparece totalmente despejado y eso trae consigo una bajada importante de la mínima pero que se espera remontar enseguida. El objetivo de hoy es hacer una ruta circular que incluya dos pendientes de esta zona: la vertiente que parte del valle de Ossau para ir al col d´Ichère y la vertiente de Lourdios para subir a la Piedra de San Martín por el col de Labays. Con esta ascensión tendré completadas las siete vertientes del coloso fronterizo.

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Ossau, Aspe y Barétous Oloron 127 km 2850 m+ IR

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Salgo a las 09:00 de la mañana con colo 3ºC y rumbo al este, con el peligro que tiene ir con el sol de frente porque los coches que vienen por detrás no pueden verte. Los primeros kilómetros voy por la carretera de Pau y hay bastante tráfico, lo que me obliga a ir con mucho cuidado.


Cuando giro hacia el valle de Ossau, la cosa se tranquiliza bastante y dejo de estar tan agobiado. El sol pega y la temperatura templa enseguida, así que dejo de tener el frío del principio.


El inicio del Marie Blanque por esta vertiente de Bielle deja unas vistas maravillosas de la montaña que hay sobre Laruns. Por este lado, este puerto es más suave y mucho más atractivo.


Enseguida me pasa otro ciclista que sube mucho más rápido que yo, que llevo un ritmo de pachanga muy propio de estas rutas disfrutonas. Voy ganando altitud y las vistas del valle de Ossau son mucho más abiertas.


Aún así, los cinco primeros kilómetros no bajan del 7%, hasta llegar a un collado desde donde la subida suaviza totalmente. Tengo las piernas un poco pesadas de la jornada de ayer y me cuesta entrar en faena.


Tras dos kilómetros de relax, un kilómetro al 8% se adentra en el bosque para dejarte ya en la parte final, de nuevo muy sosegada.


La cima del Marie Blanque nunca me ha parecido gran cosa. Hay varios coches aparcados junto al cartel y salen varios grupos de montañeros rumbo a la cumbre de la montaña de la derecha: el Pic d'Escurets.


Desciendo hacia el valle de Aspe y transito durante un par de kilómetros por la carretera del puerto de Somport, hasta pasar Sarrance y encontrarme el desvío del col d'Ichère en obras.


Los primeros metros están bastante estropeados por el paso de camiones pero se puede rodar sin problemas. Van a ser cinco kilómetros con alguna rampa de doble cifra pero muy llevaderos.


A media subida me encuentro con varios focos de llamas, con los rastrojos ardiendo y varios lugareños vigilantes con ramas en la mano y un tractor que les acompaña.


Por suerte, el aire disipa bien el humo y no me llega a molestar. Tan solo el olor a quemado es un poco desagradable.


Para cuando desaparecen las fogatas, ya me encuentro en el último kilómetro, en el cual tan solo se ascienden cinco metros hasta la cima del col.


Corono junto al cartel que, como no podía ser de otra manera, se encuentra rodeado de tierra quemada. Espero que para cuando venga con Amaia en primavera, vuelva a estar todo como se merece.


El corto descenso del col d'Ichère hacia Lourdios me deja en el cruce de Issor, donde se inicia la vertiente que me falta para completar las siete de que consta la Piedra de San Martín. Tengo hecho el col de Labays pero no por esta parte.


Son dieciséis kilómetros hasta el col de Labays, perfectamente señalizados con cartelitos en cada kilómetro y con un cartel con perfil en el inicio de puerto. Así deberían ser todos los puertos.


De las siete vertientes, esta me empieza a parecer la más espectacular, remontando el desfiladero de le Gave d'Issaux por una estrecha carretera que se adentra en las rocas y va ganando altitud junto al sonido del arroyo.


Siempre que el agua acompaña una subida, esta se ve engrandecida. Me encuentro bastante fatigado porque no he dormido muy bien que digamos pero se me está olvidando gracias a lo mucho que voy disfrutando del lugar.


Después de media docena de kilómetros muy vistosos y solo con alguna rampa puntual de doble cifra, llega el tramo más complicado de toda la subida, con un kilómetro completo al 12% con rampas muy próximas a la doble decena.


Aparecen varias herraduras y se va remontando la ladera. El calor empieza a hacer acto de presencia y se agradecen los tramos de sombra.


Pasados los ocho kilómetros de ascensión llego al cruce que con la carretera que viene de las vertientes del valle de Aspe, tanto por Lées-Athas como por Osse, y ya transito por terreno conocido de nuevo.


Llego a la cota 1000 y me empiezo a encontrar con algún nevero. Son seis kilómetros hasta el col de Labays que me van a costar bastante porque todavía estamos en febrero y son los primeros puertos largos del año.


Llego al col de Labays y se me cruza el pequeño demonio que llevo dentro, empujándome al descenso hacia Arette para concluir la jornada fácilmente. La última parte se me ha hecho bastante dura y lo estoy acusando.


Me detengo junto al cartel de puerto y me pongo a comer una barrita al tiempo que pasan cuatro abuelos y abuelas con las raquetas en la mano. Me saludan y justo en ese momento pasa un ciclista subiendo desde Arette, cuestión que actúa como aliciente y, una vez guardado el envoltorio de la barrita, enfilo también hacia el Soudet.


En los cuatro kilómetros que hay hasta el Soudet, me pasan infinidad de coches que van camino de la estación de esquí, nada que ver con la soledad del col de Labays por la vertiente de Lourdios.


La mayoría de veces tengo que ralentizar mi marcha para sacar fotos limpias. La nieve empieza a cubrirlo todo y me alegro de haber tirado para arriba en el cruce.


Llego al Soudet con coches por todas partes. Parece que he ido recuperando las fuerzas y me voy acercando al ciclista que había visto pasar porque lo veo a unos cien metros de mi.


La temperatura a esta altitud sigue por encima de los 15ºC, nada que ver con lo que tuve que sufrir ayer en el Arnostegi. Está quedando una tarde magnífica y todo apunta a que los próximos días podré disfrutar a lo grande.


Estoy a punto de alcanzar al ciclista que me precedía justo en el último kilómetro pero, como sucede tantas y tantas veces, en cuanto me ve acercar se oye un click y aprieta el culo hasta el cartel del puerto.


Me pongo a enmarcar las vistas tan impresionantes que hay del Anie (Auñamendi) y me pide que le saque una foto con el pico de fondo, cosa que hago gustosamente. El final de la vertiente navarra luce espectacular.


El largo descenso hasta Arette me deja frío en alguna zona sombría a pesar de la buena temperatura que se disfruta. Es la primera ruta del año que catalogo de primera categoría y empiezo a notarlo en cuanto hay que empezar a dar pedales de nuevo.


De Aramits a Oloron me sopla una ligera brisa favorable y eso me ayuda a llegar al coche con un ritmo muy bueno pero con unas ganas locas de echarme a la comida, llegando muy justo por lo que se ve.


Me cambio y decido comer en Argelès-Gazost para viajar mientras la tarde es tan agradable, picoteando algo mientras conduzco, porque también disfruto mucho de los desplazamientos en estos viajes ciclistas.

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