El bosque de Portes

Es la una del mediodía. He esperado un poco a que fuera templando el día para hacer el col de Portes, el último puerto de este viaje. La vertiente que me pilla de camino a casa parte de la carretera D1504 y, como no tengo dónde dejar el coche, decido subir con él hasta Ordonnaz, que está más o menos a media subida.



Por tanto, bajo de nuevo esta primera mitad para hacer el puerto completo. Son catorce kilómetros suaves y me lo tomo como un paseo final para estirar las piernas antes de un largo viaje.


La subida va de más a menos, habiendo un kilómetro al 9% de máxima para despegar del fondo del valle pero suavizando poco a poco hasta llegar a Ordonnaz.


Ordonnaz se alcanza en el km.8 tras tres kilómetros ciertamente suaves que van del 4% al 2%. Se atraviesan las cuatro casas que componen este pequeño núcleo rural y la pendiente se mantiene en esas cifras tan fáciles.


Tras un par de kilómetros de subida inapreciable, se alcanza un primer collado al que le sigue una bajada de un par de kilómetros más.


Y se termina con dos kilómetros al 7% por una carretera estrecha que se dirige al punto más alto de este bosque, un puerto muy flojo, perfecto para dar carpetazo a este viaje.


En la cima hay cartel de puerto y en él me encuentro a un ciclista de montaña echando un pis, con su montura apoyada en el poste. Cuando termina, nos saludamos y tiramos en sentido opuesto el uno del otro.


Regreso a Ordonnaz, me cambio de ropa, llamo a casa y me pongo a conducir sin descanso hasta casa, sin parar en toda la noche. Por muy lejos que esté, los viajes de vuelta los hago del tirón porque prefiero no pensar lo mucho que me queda.

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