Norte y sur de Bizkaia

Ya he diseñado el SUPERSTAGE ALPINO de este año y, para no morir en el intento, tendré que apurar la preparación en el tiempo que me queda. De todas formas, como de costumbre, prefiero ir corto de forma para que sea el propio viaje quien me vaya situando en ese puntito que suelo alcanzar en estas animaladas. La cantidad de puertos que he metido esta vez y su dureza así me lo aconsejan. Como estos días me está costando bastante ponerme en marcha, he decidido tirar a lo bruto y marcarme una etapa que tenía diseñada para una visita que se ha aplazado.

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Norte y sur de Bizkaia Plentzia 210 km 4280 m+ IR

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La idea de la ruta es hacer todas las subidas costeras hasta Sollube para, desde allí, tirar hacia Orduña, empalmando estos dos grandes puertos de la geografía vasca. Como la ruta completa excede los 200km con holgura y no quiero que mis invitados sufran el tráfico de ese tramo, voy a probar a quitar los treinta kilómetros pestosos de carretera que hay desde Arrigorriaga hasta la única ciudad de Bizkaia utilizando el tren de Cercanías.


El caso es que salgo pasadas las nueve de la mañana, con una bruma costera que deja un día bastante tristón y una temperatura ideal para dar pedales y acometer las duras rampas de la costa.


Tras un paseo por la playa, inicio las hostilidades con la subida a Fano. Son solamente dos kilómetros pero ya entro en calor con una rampa que alcanza un pico del 25%.


El esfuerzo que supone ascender a Fano es corto, sustituye al alto de Orabille y ofrece mejores vistas de la bahía de Plentzia.


Apenas llevo cinco kilómetros y la musculatura ya está en condiciones para una sucesión de subidas sin un metro llano durante la primera parte del recorrido. Desciendo hasta Armintza con una tranquilidad pasmosa. El día ha amanecido tan gris que no se ve un alma.


En Armintza se inicia el tríptico de tachuelas que conforman la subida a Jata. He subido por aquí tres veces en la última semana y casi pedaleo sin mirar al frente.


Me asomo para ver cómo anda la costa hacia el este y veo que tanto o más nublada que por aquí. Sigo subiendo Jata y me cruzo con un par de ciclistas pero nada más, ni un solo vehículo motorizado.


Desde la cima de Jata ya se ve Bakio con el islote de San Juan de Gaztelugatxe. Me asomo al pequeño mirador que hay bajando para poder tener el encuadre perfecto.


Bakio es una localidad fantasma en invierno que se activa bastante en verano, aunque hoy tampoco mucho porque la mañana no acompaña.


La siguiente localidad del camino será Bermeo, a donde se llega por el alto de San Pelaio. En esta ocasión vuelvo a optar por la ruta de los acantilados, algo más dura pero más coqueta.


La subida va a escalones de doble cifra. Son duros pero no excesivamente largos y se hacen bien, salvo la última rampa al 18% que ya cuesta un poquito más.


Al llegar al restaurante, toca enlazar con la carretera del alto de San Pelaio, con su duro kilómetro final al 10% que parece no acabar nunca.


Hay un mirador en la cima con una pequeña zona de descanso pero los árboles impiden tener una visión limpia de San Juan de Gaztelugatxe y prefiero bajar unos metros para encuadrar el islote completo.


Hacia la derecha tengo Bermeo y la isla de Izaro frente a Urdaibai, con el cabo de Ogoño destacando, ya que se trata del acantilado más vertical de la costa cantábrica con sus 305m. Muy por encima se encuentra la Vixía Herbeira (613m) pero, al estar más al oeste del cabo de Estaca de Bares ya no pertenece al mar Cantábrico.


Tras una foto del puerto de Bermeo, toca subir el puerto más duro del día: Sollube por la vertiente de Almike. Son 8km al 8,5% con un kilómetro entero al 15% que se las trae.


El principio es más o menos llevadero hasta llegar a la ermita de Almike, donde suelo hacer una parada para comer algo y rellenar el bidón en la fuente que hay junto a ella.


Luego viene lo serio. Se sigue la señal que indica Bilbao y todo para arriba sin descanso en un buen trecho. La carretera estrecha es una delicia.


Poco a poco voy ganando altitud con muy buenas sensaciones. El día sigue nublado y la temperatura suave ayuda mucho.


Una vez superada la parte más difícil, la pendiente sigue sin bajar del 6% hasta llegar al cruce de las antenas, a unos metros del puerto de carretera.


Tomo la pista de las antenas para seguir subiendo al 7-8-9% sin descanso. Hay una zona en la que hay unos baches bastante feos que cada vez están peor. Apenas son veinte metros pero suficientes para que te salten los empastes en la bajada.


La llegada a las antenas me muestra los primeros claros del día. La previsión meteorológica para hoy decía que se despejaría completamente hacia el mediodía, pero todavía se aprecia mucha nubosidad por la costa.


Desciendo unos metros y puedo observar perfectamente todas las sierras que voy a atravesar a continuación, con la sierra Salvada bien al fondo. El caso es que, a pesar del desnivel positivo acumulado, solo llevo cuarenta y cinco kilómetros y todavía me queda un mundo.


Toca descender hasta Larrauri, para lo cual bajo hasta el puerto de Sollube. Se puede acortar un kilómetro sin pasar por el puerto pero bueno, esta vez no lo hago.


Concluido el descenso de Sollube, en plena recta de Larrauri, tomo el desvío de Meñaka para dirigirme hacia Fika. Lo primero que hay es un pequeño repecho sin ninguna dificultad.


Siguiendo por muy buena carretera, se llega a Gamiz tras un pequeño paso por la carretera de Olabarri. En este momento empieza a despejar del todo y se incrementa la temperatura notablemente.


Tanto Gamiz como Fika se encuentran situadas en lo alto de dos lomas y toca hacer esos repechos. Llevo un día muy tranquilo, sin apenas tráfico en ninguna carretera.


Llego al inicio de la subida a Urrusti y todavía llevo los manguitos recogidos en las muñecas, momento ideal para dejarlos en el bolsillo trasero del chaleco cortavientos. Cada vez hace más calor y los dos kilómetros de esta subida van a ser duros.


Me meto un gel de frutas y para arriba suavemente. La pendiente va de menos a más, con un segundo kilómetro por encima del 13% de media y con máximas del 20%.


¡Con lo bien que iba con el día nublado! En pleno esfuerzo máximo veo cómo me caen algunas gotas de sudor por el brazo.


Consigo coronar Urrusti con más esfuerzo del apetecible. Se agradece mucho que la última recta sea más suave y permita llegar al alto con algo de aliento.


El descenso hacia Lezama es a tumba abierta pero con un poco de cuidado en los primeros metros porque siempre hay barrillo de los caminos de tierra del cordal de la sierra que conectan con el alto.


Vuelvo a parar en el ayuntamiento de Lezama, esta vez para refrescarme en la fuente de la plaza. En solo media hora se ha disparado la temperatura y estoy bastante quemado. Me cuesta ponerme en marcha porque me dan ganas de tirar para Mungia pero, finalmente, empiezo a subir al Vivero.


Solo son cinco kilómetros pero con un calor sofocante a estas horas del mediodía. La doble cifra del segundo kilómetro me pasa factura y subo a un ritmo lamentable.


En la segunda parte aparece alguna sombra y las voy buscando como si las coleccionara. Sigo rodando sin ningún tráfico a la vista y puedo ir de lado a lado de la carretera sin ningún riesgo.


La llegada al área recreativa del Vivero me deja en la carretera del cordal de esta sierra del Ganguren. Como voy a bajar por la vertiente de Galdakao, tiro hacia las antenas para buscar la carretera del antiguo parque de atracciones.


La bajada por la vertiente que han utilizado los pros las últimas veces que han llegado a Bilbao ofrece unas buenas vistas del sur del Gran Bilbao pero voy más preocupado por chupar sombras y se me pasa el momento.


La bajada del Vivero termina en la N634. Tengo que cruzar al otro lado para enlazar con la carretera de Zaratamo y aprovecho que hay un semáforo para no tener que dar un vueltón hasta la siguiente rotonda.


El paso a la carretera de la margen izquierda del río Ibaizabal es de esos que solo conoce un autóctono. Si no se cruza por este pequeño puente hay que dar una buena vuelta por la N634.


Tan solo unos metros después llega el desvío de Zaratamo con esa carretera elevada tan rara para salvar las vías del tren de Donosti.


En cuanto cojo esta carretera vuelvo a la soledad, lo que busco al pasar por este alto. Son solo cuatro kilómetros a un 3% de media pero que me permiten salvar todo el nudo de autopistas de Basauri para acceder a Arrigorriaga más relajado.


El inicio es la parte más dura de este corto ascenso, con una pendiente máxima del 10% que queda muy diluida en la media porque hay una bajada llegando a Zaratamo.


Hay bastantes sombras y las aprovecho todas. Hace rato que han pasado las dos de la tarde y el sol está en su punto más alto y ya llevo mucho desnivel acumulado en menos de noventa kilómetros.


Alcanzo el punto más alto de esta carretera y desciendo hacia Arrigorriaga con unas buenas vistas del Gran Bilbao, con Basauri en primer término. Espero no tener que esperar mucho por el tren de Orduña, ya que no conozco los horarios que tiene.


El descenso me deja en la estación, nada más cruzar la BI-625, la peor carretera provincial de Bizkaia para andar en bici entre semana por el inmenso tráfico pesado que soporta. Para ir solo no me importa ir por ella pero, si alguien viene de visita, no es la más adecuada para llevarle y por eso hago esta prueba del tren de Cercanías.


Faltan dos minutos para un tren que para en Llodio y ocho para el que va hasta Orduña. Decido coger el primero y esperar al segundo en la estación de Llodio, comiendo algo mientras tanto.


En apenas media hora (transbordo de Llodio incluido) ya me encuentro en Orduña con un calor del copón, dispuesto a subir el puerto.


Inicio la subida a Orduña por esa primera gran recta que desmoraliza un montón. No se llega a alcanzar el 14% que indican las señales pero se hace dura.


Son ocho kilómetros en los que no se baja nunca del 7%, siendo la parte más suave el tercio central, donde las herraduras sirven de descanso y los árboles ofrecen buenas sombras.


El valle de Ayala queda abajo mientras se accede a la meseta con la virgen de Orduña presidiendo la cima del Txarlazo.


Tras una parte central un poco más suave, el tercio final vuelve a pendientes del 9-10%, con las mejores vistas de este precioso puerto.


El sol aprieta y el aire favorable hace que me achicharre de mala manera en el acceso al mirador. En esta parte final voy bastante cascado.


La llegada al cartel de cambio de comunidad trae consigo una bajada de la pendiente que me da la vida, dejando un último kilómetro al 3% que resulta ser un salvavidas. Si lo duro llega a durar un poco más... ¡exploto!


Corono el puerto de Orduña y me doy media vuelta. La brisa del norte es una delicia y me acerco al mirador para retomar el aire durante un buen rato, disfrutando de las vistas.


Retomo el descenso después de un buen rato en el mirador y la bajada me deja un poco destemplado. He subido muy acalorado y el cambio es demasiado brusco.


Al llegar a Orduña me meto por sus calles estrechas para ir a una tienda que tengo controlada donde comprar una cocacola y unos bollitos de chocolate, de los que doy buena cuenta sentado junto a una fuente que hay en la salida de la estación, camino de Lendoño. Terminado el avituallamiento salgo por esa carretera solitaria, bordeando la sierra Salvada bajo los imponentes picos que sobresalen de ella.


La pequeña cota de Lendoño me vuelve  tensar las piernas después de un buen rato de descanso, con el Bedarbide en primer plano y el Tologorri al fondo algo cerrado por la niebla que hace que el sol se oculte.


Estos kilómetros son espectaculares. El contraste de las montañas de Gorobel con las verdes praderas del valle de Ayala ofrecen uno de los mejores paisajes que se pueden disfrutar en toda la península.


A la tachuela de Lendoño le sigue la de Mendeika, de apenas kilómetro y poco al 8% desde la pequeña aldea de Poza. Atrás ya queda el Txarlazo y todo el frontal de Delika, donde nace el río Nervión.


Al coronar este pequeño paso e iniciar la bajada aparece en escena la cima del Ungino, mucho más cubierta de nubes todavía. Hay un momento en que me cae una gota pero creo que es de sudor porque no parece que vaya a llover, aunque hay anuncio de tormentas por la tarde en esta zona montañosa.


Sigo el descenso por estas carreteras desiertas hasta que me encuentro con un coche parado y una mujer que me hace una señal con la mano mientras quien parece ser su hijo sigue al volante. Paro y me preguntan por el puerto de Orduña, algo sorprendidos porque llevan tiempo sin subir. Se han equivocado de carretera y les hago las indicaciones necesarias para que regresen por donde han venido.


Paso por Belandia e Izoria en busca de la carretera de Respaldiza, donde me topo con cuatro coches que ya son más de los que me he encontrado en todo el día.


En menos de cuatro kilómetros me encuentro en la carretera de Okondo y vuelvo a la soledad. El terreno es descendente y el pedaleo es fluido, a pesar de llevar el aire de cara.


Paso por Zuaza y Okondo antes de llegar a Sodupe. Tan solo hay un par de repechines cortos en estos quince kilómetros favorables, donde me cruzo con muchos ciclistas. 


Llego a Sodupe con más de 30ºC y con los pies ardiendo, con ganas de quitarme las zapatillas y refrescarme en una fuente. Me compro un flash en una tienda de chuches y me quedo un buen rato sentado en el banco de un parque.


Al de un rato me vuelvo a poner en marcha siguiendo el curso del río Cadagua. La parada y el descanso de los pies me ha venido de maravilla y retomo un ritmo de pedaleo alegre.


Llego a Alonsotegi y, tras pasar bajo los viaductos de la Supersur, tomo el camino de Santa Agueda. Es una dura subida de un kilómetro al 15%, con un tramo final que supera el 20% y que se hace duro de verdad.


En la ermita hay otra fuente y me tiro de cabeza nada más coronar para mojarme bien y refrescarme todo lo que puedo. Con lo fresquita que había sido la primera mitad de la jornada...


Desciendo por Cruces y llego a Gorostiza, justo al inicio de Argalario, lo que se supone que iba a ser la subida estrella de esta parte final de la ruta... pero no me apetece nada pegarme otro calentón, así que me planto y tiro para Portugalete por el bidegorri de Sestao, ahorrándome diez kilómetros y 500m de desnivel que habrían dejado la ruta niquelada.


Paso por la plaza de Sestao y empalmo con la carretera de la margen izquierda que desemboca en el Puente Colgante. En la calle de bajada hay montada una buena porque se ha metido un remolque de traineras y no dan como para girar en la curva.


Llego justo cuando la barcaza sale y tengo que esperar a que regrese de vuelta para embarcar, cosa que tarda bastante en hacer porque el atasco que ha generado el remolque de traineras en la calle de acceso es colosal.


Apenas me quedan quince kilómetros más hasta Plentzia, con las tachuelas de Algorta y Barrika en medio. Se ha hecho muy tarde y tengo la suerte de poder disfrutar de un maravilloso ocaso en el mar.


Llego a casa con 182km recorridos y 4005m de desnivel positivo acumulados, algo menos de lo previsto por haber capado Argalario a última hora. Con esa subida y cogiendo el tren salen 190km y 4600m, aunque el cuerpo me pide redondear los 5000m y los 200km con alguna subida más que dejaría la ruta redonda. Bueno, yo ya he lanzado el anzuelo...

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